Interpretación del evangelio de San Juan capítulo 6 – discurso del Pan de Vida

CAPITULO 6 DE SAN JUAN y EL DISCURSO DEL PAN DE VIDA        

Multiplicación de los panes y los peces (Jn 6, 1-15)

    El capítulo 6 del evangelio joánico posee una unidad temática no difícil de detectar a primera vista, incluso para quien no es experto en el análisis del texto sagrado. Posee además una estructura fácil de distinguir al menos en sus aspectos más genéricos, y siempre en relación a los argumentos tratados.

Se presenta entonces una división general en tres partes:

  1.  La multiplicación de los panes y los peces (6, 1-15);
  2.  El milagro de Jesús caminando sobre el agua (6, 16-21 o 23);
  3.  El discurso del pan de vida (6, 22 o 24-64).

            De estas tres secciones, evidentemente que la más larga y compleja es sobre todo la tercera, siendo la más rica en matices y contenido teológico. Se agrega un pequeño apéndice del capítulo, relacionado con el tema del discurso, en 6, 65-71.

I. INDICIOS DE ESTRUCTURA DEL ENTERO CAPITULO

A) La multiplicación de los panes y los peces (6, 1-15):

Encontramos ya al inicio una clara indicación de tiempo y de lugar: Después de esto, Jesús se fue a la otra orilla del mar de Galilea (o de Tiberíades) (6,1), que claramente separará todo lo que seguirá, de aquello que marcó el contexto del capítulo anterior (cap. 5), donde la escena transcurrió enteramente en Jerusalén. Seguirán otras indicaciones de cambio de circunstancias: Mucha gente lo seguía, porque veían las señales milagrosas que hacía en los enfermos (6,2).

Estas primeras indicaciones podrían incluso considerarse introductorias de todo el capítulo. Hay otras dos más precisas, referidas sobre todo al milagro de la multiplicación: Subió Jesús a una colina y se sentó con sus discípulos (6,3) y: Faltaba muy poco tiempo para la fiesta judía de la Pascua (6,4).

Aún sin el recurso a las particularidades gramaticales o de léxico, puede notarse como se señala e identifica claramente el inicio de todo el capítulo y de esta primera parte en particular. Esta última pareciera finalizar de modo abrupto, con la mención de Jesús que se retira solo: Conociendo Jesús que estaban por venir para llevárselo y proclamarlo rey, se retiró de nuevo al monte, él solo (6,15).

B) Jesús caminando sobre el agua (6, 16-21 o 23):

Aquí también encontramos una doble y muy clara indicación de tiempo y lugar: Al atardecer los discípulos bajaron hasta el lago (6,16), suficiente para separar esta parte de todo lo que la antecede. De todos modos, la escena en particular se introduce con otras indicaciones, de tiempo, lugar y circunstancias: Subieron a la barca y atravesaron el lago hacia Cafarnaúm. Había oscurecido y Jesús no los había alcanzado aún. Soplaba un fuerte viento y el lago se encrespaba (6, 17-18).

Dicha segunda parte parece terminar en el v.21, cuando se afirma que una vez subido Jesús a la barca de los Apóstoles, esta “tocó tierra en el lugar al cual se dirigían”. Sobre los versículos posteriores puede todavía discutirse si pertenecen a esta parte o a la siguiente, o si forman una introducción independiente. Los indicios para un nuevo inicio en el v.22 son sin embargo muy significativos.[1]

C) Discurso del Pan de vida (6, 22 o 24-64):

En el v.22 tenemos una indicación de tiempo muy relevante seguida por otra de cambio de circunstancias: A la mañana siguiente la gente que se había quedado en la otra orilla vio que allí no había más que un bote (6,22). Además, la expresión “a la mañana siguiente”: Τῇ ἐπαύριον (tē epaurion), en griego, constituye gramaticalmente un frecuente y consistente indicio de cambio de sección; que el discurso comience además en este versículo tiene claramente la ventaja que todas las circunstancias enumeradas en los vv. 23–24 se acoplan a las del v.22, dando lugar a una introducción general de tres versículos (vv. 22-24).

El v.23 comienza con una partícula adversativa en griego: ἀλλά, permitiendo leer el versículo en este modo: Más (pero) llegaron de Tiberíades otras barcas cerca del lugar donde habían comido el pan (dando gracias a Dios). La partícula adversativa en griego – como la conjuntiva – permite normalmente suponer que el llamado “período” del fraseado continúa sin interrupción, descartándose por lo tanto un cambio de sección. Lo mismo vale para el v.25, que comienza con la conjunción καί (kai). En cuanto al v.24, da inicio con la conjunción subordinada ὅτε (hóte): “cuando”, la cual da más bien a suponer que también aquí el período no se interrumpe.

Podrían también considerarse los versículos 22 al 24 como una introducción independiente, y que el discurso del Pan de vida comience propiamente con la pregunta de la multitud a Jesús en el v.25: Maestro, ¿Cuándo llegaste aquí? En ese caso, la primera parte del v.25: Y encontrándolo del otro lado del mar, le dijeron… formaría parte de la introducción independiente.[2] Normalmente se supone que el v.25 es el inicio formal del discurso del Pan de vida, con la pregunta de la multitud que motiva la respuesta de Jesús.

II. INDICIOS DE ESTRUCTURA DEL DISCURSO DEL PAN DE VIDA Y ESQUEMAS PROPUESTOS

La división de la llamada tercera parte del capítulo, el discurso de Jesús sobre el Pan de vida, la más larga, se presenta como más compleja debido a que se trata justamente de un discurso de carácter teológico, donde los cambios internos de circunstancias, lugar o tiempo ceden lugar a matices de consideraciones conceptuales, densas definiciones y cierto uso de lenguaje metafórico. Sin embargo, su mismo carácter teológico lo dota de una gran riqueza de léxico y de expresiones gramaticales que aportan importantes criterios de delimitación. En nuestro tratamiento buscaremos de exponerlos.

  1. Estructura propuesta

Hemos sugerido la siguiente división para toda esta parte: I° sección: 6, 25-34; II° sección: 6, 35-47; III° sección: 6, 48-59. Los primeros dos versículos (25-26a) servirán de introducción al discurso y el último versículo (v.59) de conclusión del mismo. Todo el conjunto es coronado por un colofón o desenlace narrativo (6, 60-71) que permitirá dar por concluida la escena global del discurso y separarla del capítulo siguiente. Analizaremos los detalles con posterioridad.[3]

La estructura por nosotros indicada no difiere sustancialmente de la propuesta por varios autores y estudiosos, sino que se les asemeja. R. E. Brown, quien al mismo tiempo presenta varias otras divisiones alternativas, propone la siguiente: a) vv. 25-34; b) vv. 35-50; c) vv. 51-64. La diferencia se da en la segunda sección – llamada aquí (b) -, porque comprende dos versículos más (ya veremos el por qué), y sobre todo en la última, ya que incluye hasta el v.64 (el resto pasa a ser una conclusión).[4] En realidad, para Brown esta división se fundamenta sobre todo en su propia concepción de la génesis del discurso, como trataremos de explicitar más adelante.

La delimitación de las tres secciones se basa en los siguientes argumentos centrales:

– En la I° sección (6, 25-34) se da una presentación general de conceptos que serán empleados en las secciones siguientes (por eso mismo algunos autores la toman como prólogo y presentación del entero discurso): Aparecen repetidos los conceptos de “signo” (σημεῖον), de alimento (την βρῶσιν), de “obra de Dios” (τὸ ἔργον τοῦ θεοῦ), de “comer” (ἔφαγον) y de “dar el pan del cielo” (δίδωσιν τον ἄρτον ἐκ τοῦ οὐρανοῦ).

En la II° sección (6, 35-47), la expresión “pan de vida” ( ἄρτος τῆς ζωῆς) aparece ya de modo explícito, y se dan temas como el “venir – creer (en Jesús)” ( ἐρχόμενος προς πιστεύων εἰς ἐμὲ), el “resucitar el último día” (ἀναστήσω ἐν τῇ ἐσχάτῃ ἡμέρᾳ), el “bajar del cielo” (καταβας ἐκ τοῦ οὐρανοῦ);

– La III° sección (6, 48-59) presenta de modo más reiterado la expresión “pan de vida”, siempre aplicada a Jesús, además se insiste en el “comer el pan” (ἐξ αὐτοῦ φάγῃ), al que Jesús denomina como “mi carne” ( σάρξ μού). Se repite la idea que esto concede la vida eterna (ζήσει εἰς τον αἰῶνα).

  1. Estructuras alternativas

Como hemos anticipado, la estructura presentada por Brown es la siguiente: a) vv. 25-34; b) vv. 35-50; c) vv. 51-64. El autor deja en claro que la primera sección (a) es sólo la ambientación del discurso, lo que significa una preparación para el mismo.[5] En lo que respecta a las dos secciones siguientes, Brown parece seguir la opinión de los que ven en la sección segunda (b), principalmente el desarrollo de un tema sobre todo sapiencial, mientras que el eucarístico aparece sólo en segundo plano.[6] En la tercera sección (c), en cambio (aunque considerada sobre todo entre los vv. 51-58), se invierten los roles, y el tema eucarístico pasa a ser la cuestión exclusiva.[7]

En realidad, esta visión se debe en gran parte a la concepción que posee del entero discurso, como hemos adelantado, y se combina bien con la opinión que sostiene que la sección vv. 51-58, netamente eucarística, no sea original sino que obedecería a un añadido posterior de la comunidad joánica, en un momento ya bien avanzado de desarrollo teológico. Brown sostiene que “muchos son los que lo consideran un agregado posterior” (cfr. op. cit., 352). El mismo sostiene que los vv. 51-58 son una inserción redaccional posterior que rompe la unidad entre los vv. 35-50 por una parte, y los conclusivos vv. 60-71 por otra.[8]

Las estructuras propuestas se pueden dividir en dos grandes grupos:

A) El primero, a cuyos autores hemos hecho ya referencia, sostiene que los vv. 25-34 constituyen la gran introducción al discurso, estando la misma propiamente constituida por los vv. 35-50, con un carácter prevalentemente sapiencial, aunque no exclusivo. Los vv. 51-58 gozan en cambio de un enfoque eucarístico mucho más claro que el resto del capítulo. Son muchos los autores que no los consideran originales, sosteniendo algunos que dichos versículos se encuentran en una posición que no es la original. Para dichos autores, el paso de la sección (b) a la (c) es marcadamente brusco. Los vv. 60-71, que representan la conclusión narrativa o colofón del discurso, se adaptan mejor, en la opinión de ellos, a los vv. 31-50 que a los vv. 51-58. Justamente por considerar que el discurso en su integridad fue completado posteriormente, no se descarta una influencia de parte de la liturgia cristiana de Pascua en Juan 6.

B) La opinión tradicional ha sin duda considerado el entero discurso del Pan de Vida como unitario, aun admitiendo la separación estructural en secciones diversas. A esta se añade la opinión de algunos estudiosos de técnicas redaccionales semíticas. Brown menciona los estudios de P. Borgen sobre la técnica midráshica considerándolos convincentes, aunque personalmente sostiene una opinión diversa. Según Borgen, los vv. 25-33 son también introductorios, los vv. 31-33 presentan una citación del Pentateuco (v.31: Nuestros padres comieron el maná en el desierto) que será reinterpretada por Jesús, y el v.34 una “explicación homilética” (para la predicación) que hace de introducción a lo que sigue (v.34: ¡Señor, danos siempre de este pan!). Justamente, en esto consiste la técnica midráshica, en tomar una cita de la Escritura sagrada (Antiguo Testamento), modificarla eventualmente según el contexto presente, y exponerla con una nueva interpretación. Según Bergen, dicha exposición integra el entero discurso, que para él estaría compuesto de dos partes (vv. 35-50; vv. 51-58), pero como un todo unitario.[9]

Expondremos a continuación algunos detalles de la estructura.

  1. Detalles de la estructura propuesta

(Este punto lo desarrollamos adecuadamente en el artículo completo, en la versión PDF para descargar, pero requiere cierto conocimiento del griego bíblico. Presentamos aquí sólo una versión más reducida y simplificada. La versión más compleja debe leerse con la ayuda del apéndice II).

            La división del discurso en tres secciones es prácticamente unánime, como vimos, tanto para los estudiosos clásicos como para los modernos, aunque difieran en su interpretación. También nosotros la compartimos, como fue expuesto: I° sección (6, 25-34); II° sección (6, 35-47); III° sección (6, 48-59).

A) I° sección (6, 25-34): Aún sin entrar en cuestiones gramaticales o de léxico, es fácil advertir que los vv. 25-26 constituyen una introducción de carácter narrativo: Se introducen las circunstancias de lugar (v.25a: Y encontrándolo del otro lado del mar), la pregunta que motiva el discurso (v.25b: Le dijeron: ¿Maestro, cuando llegaste?), y la indicación de respuesta de Jesús (v.26a: Jesús les respondió y les dijo…)

26b: En verdad, en verdad os digo:

26c: Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan y os saciasteis.

27a: No procuréis el alimento que perece sino el alimento que dura hasta la vida eterna, (27b) aquel que el Hijo del hombre os dará,

(27c) a quien Dios Padre selló.

28: Le dijeron entonces: ¿Qué haremos para obrar las obras de Dios?

29: Respondió Jesús y les dijo:

Esta es la obra de Dios, que creáis a quien Él ha enviado.

30: Le dijeron: ¿Qué signo haces, para que veamos y creamos, qué obras?

31: Nuestros padres comieron el maná en el desierto.

            La temática de la sección se empieza a ver a partir del v.26b. La fórmula: en verdad, en verdad os digo (amén, amén, lego himīn) es una introducción solemne, frecuente en los evangelios.

Sigue a continuación lo que llamamos una inclusión entre los vv. 26c-31, formada por la repetición de dos elementos: “signo” (en 26c y en 30), y “comer” (en 26c y en 31). La repetición es bastante notable aunque se dé entre singular y plural o con tiempos verbales diversos.

Existen también ciertos paralelismos entre algunas expresiones (repetición de términos o ideas iguales o contrarias, según el tipo de paralelismo en cuestión), que enmarcan ciertos temas que parecen centrales: El del alimento para la vida eterna, en la primera sub-sección, y el de la obra de Dios (creer al enviado del Padre) en la segunda.

32a: Les dijo Jesús: En verdad, en verdad os digo,

(32b) no fue Moisés quien os ha dado el pan del Cielo, (32c) sino que es mi Padre quien os da el Pan del Cielo, el verdadero.

33: Así, es el Pan de Dios que baja del Cielo y da vida al mundo.

34: Le dijeron entonces: ¡Señor, danos siempre de este pan!

Sabemos que el v.31 no señala el fin de la sección, sino de una parte de ella, y podemos corroborarlo porque en el v.32 se repite la fórmula solemne (en verdad, en verdad os digo) dando inicio a una nueva inclusión. La misma está marcada por el “dar el pan”. También la sección goza de algunos paralelismos, como el que podemos notar respecto al tema del Pan del cielo, de tipo antitético (vv. 32b-32c: No Moisés os dio el pan del cielo – Mi padre os da el pan del cielo).

Se delinea un esquema evolutivo en la sección: El argumento temático parece ir afinándose, desde el “signo alimento”, visto y sentido por la multitud, hasta el misterioso “pan del cielo verdadero”, que Jesús promete y del cual se hablará abundantemente en las secciones siguientes. Esta relación con cuanto sigue da a entender que toda la primera sección no se encuentra desgajada del discurso ni constituye sólo una introducción general al mismo, sino que puede ya considerarse una de sus partes. La fórmula enfática del v.34 (¡Señor, danos siempre de este pan!) permite que pueda hablarse en dicho versículo de conclusión de la sección, así como de nexo con las secciones posteriores.

35: Yo soy el Pan de Vida; quien viene a Mí no tendrá hambre y quien cree en Mí no tendrá más sed. Pero os he dicho: Ustedes me han visto y no creen.

37: Todo lo que el Padre me da viene a mí, y quien viene a mí no lo echaré fuera, (38) porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió. 39: Esta es la voluntad del que me envió, que no pierda nada de todo lo que me ha dado, sino que lo resucite en el último día.

40: Esta es la voluntad de mi Padre, (b) que todo el que ve al hijo y cree en El, tenga vida eterna y yo lo resucitaré en el último día.

41: Murmuraban pues los judíos porque había dicho: (b) Yo soy el pan que bajó del cielo, (42) y decían: ¿No es este Jesús, el hijo de José; no hemos conocido su padre y su madre? (b) ¿Cómo ahora dice: He bajado del cielo? 43: Respondió Jesús y les dijo: ¡No murmuréis entre vosotros!

44: Nadie puede venir a Mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado, y yo lo resucitaré en el último día.

45: Está escrito: “Y todos serán instruidos por Dios”. Todo el que oye al Padre y aprende viene a Mí.

46: Nadie ha visto al Padre sino quien está en Dios, este ha visto al Padre.

47: En verdad, en verdad os digo, el que cree tiene vida eterna.

B) II° sección (6, 35-47): El tema del “pan verdadero”, apenas esbozado en la sección anterior, aparece aquí con toda su fuerza. Desde el inicio Jesús se define como “Pan de vida”, utilizando incluso la fórmula solemne “ego eimí” = Yo soy. La expresión se repite con el añadido “que bajó del cielo” en el v.41, y es sin duda el argumento bajo el cual gira toda la temática de la sección, de un modo peculiar.

Jesús menciona nuevamente el “venir a mí” y el “creer en mí”. Dichas expresiones aparecen en el versículo inaugural (v.35) y reaparecen en forma muy similar al final de la sección (v.45 para venir y en v.47 con el participio pisteúōn, para creer), razón por la cual puede verse una gran inclusión que define la sección. Dicho postulado se ve reforzado por el hecho que la expresión “venir a mí” se repite casi igual en el v.37 y la expresión “creer en mí” en el v.40 (en tercera persona, como “creer en él”). Es por dicho motivo que nos parece ser la inclusión principal; los temas de “venir y creer” complementan el del “pan verdadero”.

Vemos otros dos argumentos, los que recurren como dos pequeñas inclusiones: Una mayor entre vv. 39-44 sobre el resucitar en el último día – con repetición en 40b – y otra sobre el bajar del cielo en los vv. 41b-42b, que se anticipa en v.38. Hay otros temas que se repiten a lo largo de la sección, como el de la voluntad del que me envió.[10] Otro argumento es la fórmula solemne que acompaña el cierre de la sección en v.47: amén, amén, lego himīn.

 C) III° sección (6, 48-59): Es innegable que esta tercera sección está marcada por un aspecto mucho más eucarístico, en comparación al mayormente ‘sapiencial’ de la sección anterior. Este no constituye, sin embargo, un argumento suficiente para considerarla no auténtica, sobre todo cuando se advierte la presencia de abundantes recursos estilísticos y gramaticales, en gran medida similares a los de las secciones anteriores, y otros elementos puntuales de interés, que lejos de considerarse de obstáculo, podrían muy bien ser signos evidentes de autenticidad joánica.

48: Yo soy el Pan de vida

 

 

 

51a: Yo soy el pan vivo (51b) Quien come de este pan vivirá para siempre

 

49: Padres comieron maná en desierto y murieron.

 

 

.

 

 

 

50: Este es el pan que baja del cielo, para el que coma de él no muera

 

 

58c: El que come de este pan vivirá para siempre

 

58b: no como el que comieron vuestros padres y murieron

58a:  Este es el pan que bajó del cielo

En primer lugar, es muy fácil notar una inclusión principal entre los vv. 48-58c. La misma puede tener una apariencia prevalentemente temática, aunque existe una gran coincidencia en los términos: El v.48 define el Pan de vida, y el v.58c afirma que quien come “este pan… vivirá para siempre”. Esta última expresión se da ya en v.51b, definiendo una sub-sección entre los vv.48-51b.

Pueden notarse otras dos inclusiones mayores en la entera sección, en esquema concéntrico: La primera entre los vv. 49-58b: Los padres comieron… y murieron, y la segunda entre los vv.50a-58a: El pan que baja del cielo.

Se da la recurrencia de ciertos “temas” puntuales que parecen dividir la sección en pequeñas unidades:

48: Yo soy el Pan de vida

 

 

  

 

 

51a: Yo soy el pan vivo (51b) Quien come de este pan vivirá para siempre

 

51c: Pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.

53b: Si no coméis la carne (…) no bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros.

 

 

52b: ¿Cómo puede este darnos a comer su carne?

 

54: Quien come mi carne bebe mi sangre tiene vida eterna

55: Mi carne es verdadera comida, mi sangre es verdadera bebida.

56: Quien come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.

 

 

 

57b: El que me come vivirá por mí.

58c: El que come de este pan vivirá para siempre.

 

– La fórmula del ego eimí (Yo soy) en v.48 y v.51, parece ser el contenido de la sub-sección a la que hemos aludido (entre vv.48-51b), definida por una inclusión menor del tema: “pan… vivirá para siempre”.

– Un segundo tema es el de “mi carne” en las palabras de Cristo, que parece definir una pequeña inclusión entre vv.51c-52b bajo la forma de “dar la carne”, y con un pequeño paralelismo entre vv.53b-54a bajo la forma: carne – sangre – tener la vida. El tema se repite en el v.55.

– Un tercero es la fórmula masticar (comer) – vivir en El, que bajo el aspecto de una pequeña inclusión aparece repetido entre vv.56-57b (y al final de la sección en v.58c).

 

El ‘comer’ aparecía ya en el v.49, pero en este último fragmento de la sección aparece el participio griego τρώγων (trōgōn: masticar, morder). La aparición de este último verbo, en griego y sin conexión con las raíces semíticas, era vista por Brown como un elemento de teología eucarística, que probaba la inserción posterior de toda la sección 51-59.[11] Sin embargo, podría bien ser incluso indicio de lo contrario.

En efecto, Wikenhauser llama la atención sobre el empleo de “carne” (en concreto: mi carne) en lugar de “cuerpo”. El vocablo aparece repetidas veces en esta III° sección, a partir del v.51c (seis veces en total), para volver después a mencionar “pan” en el v.58, tal como aparecía también en la sub- sección (vv. 48-51b). El término “cuerpo” es ciertamente el utilizado en los pasajes de narración de la institución de la Eucaristía. Wikenhauser observa que el término carne es utilizado por San Ignacio de Antioquía y por San Justino,[12] ambos del siglo II, y que la explicación parece sencilla: El término ‘carne’ se debe a la preocupación polémica contra ciertas herejías de aquel momento, en particular contra el docetismo, por lo que se hacía necesario subrayar la manifestación verdadera de Cristo en la carne.[13]

En arameo, los términos ‘carne y sangre’ (bisrà w damà) forman frecuentemente un binomio, mientras que ‘cuerpo y sangre’ (gishmà w damà) no se encuentran jamás. El hecho que tanto en San Pablo como en la tradición sinóptica, el término ‘carne’ (en hebreo basar), se sustituya por ‘cuerpo’ (σῶμα), se debe sin duda al influjo de la versión Septuaginta (LXX) del Antiguo Testamento, que emplea dicho término.[14] Wikenhauser hace también notar que los judíos entienden perfectamente bien las palabras de Jesús, y por eso se escandalizan, por lo que no es imposible que el binomio “carne y sangre”, en arameo, sea efectivamente el utilizado por Jesús, y que por lo tanto el verbo remarque el aspecto de “morder, masticar”, a partir del v.51c, ya que el uso de esos términos reclama dicho matiz particular. Que la edición griega – probablemente ya en el tiempo de la composición del evangelio, según la tradición hacia el 98-100 d.C. – nos reporte τρώγων es una especificación del traductor (o del mismo autor si fue compuesto en griego), con el objeto de gozar de mayor precisión, y de modo de corresponder con σάρξ (carne), sin que eso afecte la originalidad del texto ni su autenticidad. Por eso decimos que dichos vocablos no reclaman la composición tardía de la sección 51c-58, y bien pueden ser prueba de autenticidad de la misma.

 

III. RESUMEN E INTERPRETACION TEOLOGICA

            El capítulo 6 del evangelio de San Juan parece gozar de una unidad bien compacta, como decíamos al inicio. Es evidente que la numeración de los capítulos en todo el texto bíblico fue introducida con posterioridad, pero también es cierto que esta obedece a evidencias mostradas por el texto mismo, las cuales fueron sin lugar a dudas secundadas para determinar la numeración. Reconforta también saber que los más primitivos intérpretes han visto una unidad literaria en dicho capítulo. La división mayor, entre el milagro de la multiplicación de los panes, caminata sobre las aguas y discurso del Pan de vida ha sido también atestada por casi todos los intérpretes. Sin duda alguna, existe una intención literaria y un trabajo redaccional por parte del autor al relacionar dichos eventos. En particular, la multiplicación de los panes es un excelente escenario para el discurso del Pan de vida, que seguirá al día siguiente, en Cafarnaúm. Los sinópticos, que relatan la primera multiplicación de los panes, no reportan en cambio el mencionado discurso, por lo que se deduce aún más claramente la intención de Juan de traerlo a colación, prefigurando sin duda el argumento del pan como alimento, espiritual y eucarístico.[15]

Si nos concentramos ahora en el discurso del Pan de vida, y tal como lo hace la mayoría de los intérpretes, hemos aceptado la división en tres partes:

1) Entendemos que la primera sección (6, 25-34) es parte del discurso y no una mera introducción al mismo, aunque su contenido haga también las veces de introducción: En primer lugar, existe una unión con cuanto antecede, la que puede verse en la respuesta de Jesús a la pregunta que se le formula (v.26: Jesús les respondió […] Me buscáis…). Además, se habla de signo, que consistirá en el “comer un alimento que el Hijo del hombre os dará” (v.27), siendo ese un ‘sello’ que testificará que Jesús es el Hijo del hombre enviado por Dios. Por otra parte, Jesús declara que la ‘obra de Dios’ por excelencia, es que “se crea en Aquel que el Padre ha enviado” (v.29). En un segundo momento, se aclarará aún más en que consiste ese alimento. Es el Padre, y no Moisés, quien dará el “verdadero Pan del Cielo” (v.33). La sección se cierra con el pedido de la multitud a Jesús – a quien entrevén como un enviado del Padre -: “Danos siempre de ese pan” (v.34).

2) La segunda sección (6, 35-47) se abre con una definición categórica por parte de Jesús, que no se hallaba presente en la antecedente: “Yo soy el Pan de Vida”. Además, el “venir y creer en El”, en paralelo (quien viene a Mí; quien cree en Mí) también se hacen presentes desde el comienzo (v.35). Jesús profiere dichas sentencias y las coloca en contraposición con sus interlocutores, a quienes acusa de “haberlo visto y no creer” (v.36). El “venir a Jesús” se repite varias veces durante la sección, de modo concéntrico (vv. 35, 37, 44, 45), afirmándose en el centro (v.40) que el núcleo consiste en “creer en Jesús” (v.40). Por otra parte, dicho venir a Jesús se afirma ser “voluntad del Padre” (v.39) y ‘obra del Padre’ (“lo atrae el Padre que lo ha enviado”; v.44). El objetivo es que “lo resucite en el último día” – el que aparece bajo la forma de una inclusión entre vv.39b-44b. En el v.41 el tema central se repite, aunque esta vez señalando su origen celestial: “Yo soy el Pan que bajó del cielo” (v.41b). Es evidente que la intención de esta sección es presentar a Jesús mismo como alimento, de origen celestial, y que además dará la vida Eterna. El modo de acceder a Él es “creyendo en El”, o sea mediante la Fe. Por esa razón muchos definen esta sección como sapiencial o doctrinal.

3) La tercera sección (6, 48-59) es sin lugar a dudas netamente eucarística. Esto no supone que no sea original, como ya hemos advertido. Por otra parte, hemos comprobado la cantidad de elementos estilísticos y gramaticales similares a los de las secciones anteriores. Jesús vuelve a definirse como el Pan de vida (v.48). En un primer momento, Jesús simplemente repetirá que bajó del cielo para que se viva para siempre, pero en este caso, la condición es “comer de este pan” (v.50b, 51b). En un segundo momento, se afirma categóricamente que el “pan es su carne” (vv.51c, 53, 54, 56, 58), y que hará falta “comer su carne y beber su sangre” (vv. 53, 54, 56). La fórmula repetida nos asegura la significación literal de la afirmación, tal como la han visto la mayoría de los Padres a partir del siglo II (en lo que respecta al Magisterio de la Iglesia, el concilio de Trento en particular, que tanto trató sobre el misterio eucarístico, no se decidió en un sentido o en el otro, afirmando solamente que nada se encuentra en el pasaje por el cual deba suponerse como obligatoria la comunión bajo las dos especies, como insistían los husitas y también Lutero).[16]

Muy probablemente, el hecho que el evangelio de Juan omita la narración de la institución de la Eucaristía, como sí la reportan los sinópticos, se deba a que todo el contenido eucarístico del evangelio se encuentra ya en este discurso del Pan de Vida. No es descabellado sostenerlo. De hecho, P. Perrier, convencido del peso de la trasmisión oral original de los evangelios, hace notar que la expresión: “En verdad, en verdad os digo” (ἀμὴν ἀμὴν λέγω ὑμῖν), que se repetirá cuatro veces a lo largo del discurso (v.36, 32, 47 y 53), sólo reaparece en Jn 13,20, justamente en el contexto de la Ultima cena, en una frase que para él, por diversos motivos, parece referirse a la Presencia Real eucarística (En verdad, en verdad os digo: El que recibe a quien envío a Mí me recibe, y el que a mí recibe, recibe a quien me envió), sobre todo al compararla con el evangelio de Marcos, para Perrier dependiente de la misma tradición oral que Juan.[17]

Para concluir, queremos hacer notar como el discurso desarrolla ‘in crescendo’ la enseñanza de Jesús entre una sección y la otra, detalle que concuerda con el estilo oral de enseñanza de los maestros rabínicos, técnica que Jesús empleará también en otros momentos, como en las parábolas, por lo que deducimos que el tema eucarístico es presentado realmente por el texto original de este discurso, y que el mismo ha sido pronunciado por Jesús.

 

IV. ELEMENTOS DE PROFUNDIZACION

A) I° sección (6, 25-34):

Santo Tomás de Aquino, en su comentario, hace partir el discurso del Pan de vida desde Jn 6,22, que era uno de los posibles comienzos indicados. Hace concluir esa primera sección (o ‘lección’, en su comentario) en el v.31, pero lo considera parte ya integral del discurso. Como buen compilador de la tradición de los Padres y escritores eclesiásticos antiguos, tomará varios elementos propios de muchos de dichos comentadores, como el recurso frecuente a la alegoría. Así, por ejemplo, la ‘barca’ en que los Apóstoles habían partido y sobre la cual Jesús no había embarcado, significará “la Iglesia, una por la unidad de Fe y de sacramentos”, mientras que las otras barcas que llegan de Tiberíades significan las sectas de los heréticos, por lo que cobra sentido la recriminación de Jesús: “Me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan y os saciasteis” (v.26).[18] De todos modos, estas interpretaciones alegóricas se basan, para el Angélico, en la veracidad de los hechos, y no eliminan sino que refuerzan la interpretación teológica, de gran envergadura, lo que para Aquino es fundamental.

Acerca del argumento propio del Pan de vida, aclara que Jesús precisa tres cosas: 1 – Propone la verdad del alimento espiritual (v.27); 2 – Indica el origen (v.30); 3 – Explica el modo de tomar dicho alimento (v.34). Advierte también que el reto de Jesús a la multitud tiene su razón de ser, porque el “hacer signos” (los milagros) pertenece a la virtud divina, mientras que comer el pan multiplicado es cosa del mundo. Jesús les recrimina que lo buscan no por su virtud divina, ni siquiera por el lado más material o provechoso de esta, sino sólo por cuestiones mundanas.

1 – Buscará entonces de moverlos a la verdad, proponiéndoles el alimento espiritual: No procuréis el alimento que perece sino el alimento que dura hasta la vida eterna, aquel que el Hijo del hombre os dará (v.27). Los exhorta a procurar el alimento espiritual; Dios mismo, en cuanto es la verdad a ser contemplada y la bondad que debe amarse, y de la cual se nutre el espíritu. Hará notar, no obstante, que así como en el cap. 4 ante la Samaritana, había distinguido entre bebida material y espiritual (Quien bebe de esta agua volverá a tener sed, quien bebe del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás; 4,13), aquí la distinción se hace con el alimento. Jesús advierte que la verdadera obligación y la intención de los hombres deben mirar sobre todo a aquello que conduce a la vida eterna, o sea, a los bienes espirituales. A las cosas temporales debemos tender sólo de modo accesorio y no principal.

El verdadero donante del alimento espiritual es Cristo; solo Él puede donarlo, pues la naturaleza humana herida ni siquiera puede apetecer dicho alimento, por lo que fue necesario que el hijo del Hombre asumiese la carne para que esta pasase a ser alimento. Obsérvese como para Aquino, si bien en esta primera sección se habla de bienes espirituales que Jesús concede, se vislumbra ya el tema eucarístico, por lo que se dice que el alimento se identifica con Jesús mismo.[19] Para el Aquinate, el entero discurso constituye una unidad y sólo así puede entenderse plenamente.

Con la frase: “Aquel a quien Dios Padre selló…” (v.27) se entiende el que se ha distinguido de modo particular sobre los demás. Sólo estará en condiciones de donar, aquel que por lo singular de su plenitud de gracia está en condiciones de trascender a los demás hijos de los hombres. San Hilario lee: “Poner su sello”, lo cual puede entenderse como que el Padre reproduce su figura en quien pone su sello (en este caso, Jesús), así como un sello se imprime en la cera reproduciendo su figura. En este sentido, se entenderá como de la Encarnación del hijo de Dios.[20]

La pregunta del v.28: ¿Qué haremos para obrar las obras de Dios?, es justa. Las turbas entendieron que el alimento del cual Jesús hablaba era algo divino. Alimento espiritual no puede ser otra cosa que cumplir las obras de Dios. El Señor dirá que la obra de Dios es “creer en Aquel que ha enviado” (v.29). En este sentido, se distingue la Fe de las obras, pero no de las obras en absoluto sino sobre todo de las obras exteriores. Para el Angélico, esta respuesta de Cristo permite distinguir, teológicamente, entre tres consideraciones:

A) El “creer en Dios”, lo cual designa el objeto de la Fe (“que creáis en quien”);

B) El “creer a Dios”, como testigo (“El ha enviado”), así como puede creerse en San Pablo como escritor sagrado; y:

C) El “creer hacia Dios” (in Deum), como fin del acto de Fe (“la obra de Dios”). Esto último es propio del acto de Fe informado por la Caridad.[21]

2 – Cristo dirá que el Pan que dará el Padre es el del Cielo, el verdadero (v.32). En primer lugar, el término cielo tiene tres significados en la Escritura: La atmósfera, el cielo sidéreo y los bienes espirituales (cfr. Mt 5,12). Es claro que el ‘maná’ del desierto procede del cielo atmosférico (se llamaba ‘pan del cielo’ sólo en cuanto era figura de otro), mientras que aquel del cual Jesús habla es un bien espiritual, sobrenatural, y es verdadero en cuanto “produce el propio efecto dando la vida”.  Y Cristo da la vida al mundo en razón de su divinidad.[22]

3- En cuanto al modo de adquirirlo, será el tema de la próxima sección, anunciado por Jesús cuando dirá: Yo soy el Pan de Vida (v.35).

B) II° sección (6, 35-47):

Jesús afirma ser el Pan de vida porque el Verbo, o “palabra de sabiduría”, es el alimento específico del alma, por el cual esta vive y se mantiene (Eclo 15,3: Lo alimentará con el pan de la inteligencia y le dará a beber agua de sabiduría). El pan material no concede la vida, sino que sólo sustenta por un cierto tiempo la vida que ya existe. El pan espiritual, en cambio, es vivificante y capaz de dar la vida. El alma comienza a vivir desde el momento que adhiere al Verbo de Dios (Sal 36,9: En ti está la fuente de la vida y con tu luz vemos la luz).

– v.36: Quien viene a Mí no tendrá hambre y quien cree en Mí no tendrá más sed. Para Santo Tomás, las expresiones ‘venir’ y ‘creer’ no se diferencian entre sí, porque – citando San Agustín – una y otra significan lo mismo: Nos acercamos a Dios no con los pasos del cuerpo, sino del alma, el primero de los cuales es el de la Fe. Así también se identifican los términos ‘comer’ y ‘beber’, en cuanto que ambos apuntan a la saciedad eterna, en este pasaje (Mt 5,6: Felices los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados; Ap 7,16: No pasarán hambre ni sed).[23] Aquino recurre permanentemente al principio de “analogía de la Fe” (y de la unidad de la Escritura), por el cual un pasaje de la Escritura se explica suficientemente en relación a otros.

– v.37: Todo lo que el Padre me da viene a mí, y al que viene a mí no lo echaré fuera. Se deja en claro que el creer es don de Dios, como también lo asegura la Escritura (Ef 2,8: Por gracia ustedes han sido salvados mediante la fe, que no procede de ustedes, sino que es don de Dios). El problema que se pone, es el siguiente: Si la Fe es por gracia de Dios, no debería imputárseles como culpa a aquellos a quienes no se las concede. La respuesta afirma tajantemente que no se les imputa el hecho de no poder acceder a la Fe sin la ayuda de Dios, sino el no llegar a ella por el impedimento que ponen a dicha recepción, alejándose así de la salvación ofrecida a todos.[24]

– vv. 41-43: Murmuraban pues los judíos porque había dicho: Yo soy el pan que bajó del cielo, y decían: ¿No es este Jesús, el hijo de José; no hemos conocido su padre y su madre? ¿Cómo ahora dice: He bajado del cielo? Respondió Jesús y les dijo: ¡No murmuréis entre vosotros!

Según Aquino, el autor nos refiere el motivo ocasional de la murmuración: «Porque había dicho: “Yo soy el Pan bajado del cielo”». En verdad, murmuraban porque no tenían la mente fundada sobre las realidades espirituales, también en parte porque era un viejo hábito de los judíos: Refunfuñaron en sus tiendas de campaña y no obedecieron al Señor (Sal 106,25); No murmuren contra Dios, como lo hicieron algunos y sucumbieron a manos del ángel destructor (1 Cor 10,10). Eligen la murmuración y no la contradicción abierta, porque aún conservaban el recuerdo del milagro precedente. Jesús los reprende (“¡No murmuréis entre vosotros!”), enseñando que quien murmura no tiene la mente fija en Dios (Sab 1,11: Cuídense, por tanto, de murmuraciones inútiles y absténganse de hablar mal).

– v. 44: Nadie puede venir a Mí si no lo atrae el Padre que me ha enviado…

            Afirma Sto. Tomás: «La atracción ejercida por el Padre no implica constricción, porque no siempre el que atrae lo hace con violencia. El Padre atrae hacia el Hijo según algunos de los varios modos de atraer sin violencia que existen entre los hombres. Un hombre puede atraer a otro persuadiéndolo con el razonamiento. En el caso de Dios con los hombres, puede hacerlo bien mediante una revelación interior (cfr. Mt 16,17)[25], bien mediante los milagros que a Él le fueron confiados hacer por su Padre. También puede atraerse con la lisonja: Con palabras persuasivas lo convenció; con lisonjas de sus labios lo sedujo (Prv 7,21). Así son atraídos al Padre los que se dirigen a Jesús por la autoridad de la majestad paternal. Quien cree en Cristo porque lo considera Hijo de Dios, es atraído hacia el Hijo por el Padre mismo (…) El Padre atrae hacia el Hijo mediante el impulso de la operación divina que mueve interiormente el corazón del hombre a creer».[26]

            En definitiva, «por el hecho que Dios está dispuesto a dar a todos la gracia y a atraerlos a Él, no debe imputársele (a Dios) si alguien no la recibe, sino a aquel que la rechaza (…) Aunque todos sean igualmente pecadores, la justicia divina se manifiesta mayormente en aquellos que no son atraídos, en aquellos que son atraídos, en cambio, se manifiesta más la divina misericordia (…) Resultan así evidentes la incapacidad del hombre y la potencia del auxilio divino».[27]

– v.45: Está escrito en los Profetas: “Y todos serán instruidos por Dios”: Según San Beda, se puede afirmar que dicha sentencia “está en los Profetas”, porque puede encontrarse en diversos pasajes de los libros proféticos, aunque sea más bien difícil tratar de hallarla explícitamente.

El “todos” puede explicarse en tres modos: a) Como indicativo de todos los hombres del mundo; b) indicando los que pertenecen a la iglesia de Cristo; c) los que ingresarán en el reino de los cielos.

a) En el primero de los casos, si bien pareciera que es falso atribuirlo a todos los hombres del mundo porque no todos se salvan, sin embargo, todos puede indicar un gran número, como interpreta el Crisóstomo, y como lo hace el mismo Nuevo Testamento (NT) en otros pasajes (2 Cor 5,15: El murió por todos, para que los que viven ya no vivan para sí, sino para el que murió por ellos y fue resucitado).[28] Además, es verdad que, en cuanto depende de Dios, ‘todos’ reciben la instrucción; el hecho que no todos sean amaestrados depende en gran medida de ellos mismos, de la propia voluntad. De parte de Dios, existe una voluntad salvífica universal: [Dios] quiere que todos los hombres se salven y lleguen a conocer la verdad (1Tim 2,4). Como vemos, Santo Tomás admite como perfectamente posible el lenguaje inclusivo, y lo fundamenta en la Escritura: “Todos”, en la Escritura, posee numerosas veces sentido inclusivo y bien puede substituirse por “muchos”.[29]

San Agustín admite que puede interpretarse también como una tautología: “Todos aquellos que serán amaestrados, lo serán de parte de Dios”, pero en nuestro caso preferimos evitar las interpretaciones tautológicas. Nuestro estudio de la Escritura nos ha enseñado, por experiencia, que aquella nunca formula palabras de más, sino las justas, sin nada que sobre o falte.

b) Si tomamos “todos” como ‘agregados a la Iglesia’, la referencia es en este sentido a los cristianos, cumpliéndose en ellos lo ya profetizado por Isaías (54,13): Y todos tus hijos serán discípulos del Señor. Es el caso de la Fe cristiana, que no se fundamenta en enseñanza humana, sino en la divina.

c) En cuanto al reino de los cielos, ‘todos’ los que allí lleguen podrán ver directamente la divina esencia: Lo veremos tal cual es (1 Jn 3,2).[30]

C) III° sección (6, 48-59):

En esta última sección, Santo Tomás se vuelve mucho más literal en su comentario, dotando de gran precisión al mismo.

El Aquinate parece también ver aquí dos sub-secciones, de modo similar a como lo habíamos delineado: La primera (vv. 48-51) buscará demostrar que “Él es el pan bajado del cielo”, y que es el verdadero. Seguirá el siguiente silogismo: El pan que baja del cielo, para el que coma de él no muera (v.50), porque dar la vida es efecto del pan que baja del cielo; pero: Yo soy el pan que da la vida al mundo (v.51c), luego: Yo soy el pan vivo bajado del cielo (v.51a). Para reforzar el argumento, lo contrapone al maná, que vuestros padres comieron en el desierto y murieron (v.49). Para Santo Tomás hay aquí una figura muy clara de la Eucaristía: Los que comieron el maná, como alimento material, murieron sin duda alguna, porque si bien se había producido de modo milagroso, se trataba no obstante de un alimento natural. Pero muchos de ellos comieron también un ‘maná’ o alimento espiritual, mediante la Fe en la promesa, según afirma San Pablo: Todos comieron el mismo alimento espiritual (1 Cor 11,29). Y estos no murieron totalmente, porque vivieron por la Fe (El justo vivirá por la fe; Rom 1,17; Gal 3,11; Heb 10,38 citando a Habacuc 2,4). «Así también, los que comen espiritualmente la Eucaristía viven ahora espiritualmente sin pecado, e incluso vivirán corporalmente por la eternidad».[31] Para Santo Tomás, la referencia eucarística de esta tercera sección es directa e inmediata.

A este respecto, y fundamentándose en el texto, dice que pueden distinguirse cuatro elementos en relación a este sacramento: Las especies eucarísticas, la causalidad del que lo instituye, la verdad del sacramento, su utilidad.

1) Respecto a lo primero, la especie propia es el “pan”, que es orgánico, y se adapta a este sacramento, que es del cuerpo de Cristo. También mantiene semejanza con su cuerpo místico, la Iglesia, porque así como los granos de trigo se unen para formar el pan, así la Iglesia constituye la unidad de un solo cuerpo de una multitud de fieles. Por dicho motivo es sacramento de la unidad de la Iglesia.

2) En cuanto al artífice de este sacramento, es Cristo. Pues si bien es cierto que el sacerdote ministerial es el que consagra, es el mismo Cristo el que confiere virtud al sacramento, porque el sacerdote consagra en la persona de Cristo. Si en otros sacramentos se sirve de palabras propias, aquí el sacerdote se sirve de palabras de Cristo, quien como entregó su cuerpo a la muerte por voluntad propia, se da también a sí mismo como alimento por propia virtud.

3) La verdad del sacramento se afirma con las palabras: “es mi carne”. No dice “significa mi carne” sino que “es mi carne”. Aunque las palabras sólo mencionen la carne, el cuerpo de Cristo se contiene sin embargo enteramente, a raíz de la trasmutación sacramental ­ – lo que la enseñanza católica llamará «transustanciación». La divinidad y el alma, en cambio, se hacen presente por lo que se llama la natural concomitancia. Si la divinidad – por un imposible – se separase del cuerpo de Cristo, tampoco en el sacramento se encontraría presente. Si durante el triduo mismo de la muerte de Cristo (desde el viernes santo de su muerte hasta el domingo en que resucitó) alguien hubiera consagrado, no se hallaría en dicho sacramento el alma de Cristo, sino el cuerpo tal como se lo encontraba en la cruz. Jesús prefiere hablar de carne, porque este sacramento es conmemorativo de la pasión del Señor, como enseña San Pablo: Cada vez que coméis de este pan y bebéis de este cáliz, anunciáis la muerte del Señor (1 Cor 11,26). La Pasión fue posible en Cristo desde el momento en que Jesús mostró cierta capacidad de padecer (Santo Tomás la llama debilidad); por dicha razón conviene el término ‘carne’, que expresa dicha capacidad.

4) La utilidad de dicho sacramento es grande y universal: Es grande, porque en el momento presente causa en nosotros la vida espiritual y finalmente causará la vida eterna. Siendo el sacramento de la Pasión del Señor, contiene Cristo como víctima, de modo que todos los efectos de la Pasión son también efectos de este sacramento, el que no es sino la aplicación de la Pasión del Señor. La destrucción de la muerte, obrada por Cristo con su propia muerte, y la devolución de la vida, que Cristo causa con su resurrección, son los efectos de este sacramento.

Además, la eficacia de este sacramento posee una extensión diversa que la de otros, porque los otros sacramentos limitan su efecto a los sujetos singulares (en el bautismo, sólo recibe la gracia el que es bautizado). Aquí, en cambio, el efecto de este sacramento se extiende no sólo al sacerdote que celebra, sino a todos por los que él reza, y a toda la Iglesia, tanto la de los vivos como la de los muertos. Y la razón es porque en este sacramento se hace presente la causa universal de todos los sacramentos; esto es, Cristo. Previene Santo Tomás, no obstante, contra los que pensaban que podían recibir la Eucaristía en nombre de aquellos que están en el purgatorio. Esto es un error, porque el sacramento solamente actúa ex opere operato (“por razón del sacramento mismo”) en aquel que lo recibe singularmente, si bien este pueda poseer, como intención propia y personal, el que muchos otros participen de la gracia.[32]

Aborda también el Aquinate el problema de la comunión bajo las dos especies (caballo de batalla de los husitas en el siglo XV y luego de Lutero), porque las palabras de Jesús parecen así sugerirlo: El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna (v.54). Afirma que: «Según el uso antiguo en la Iglesia, todos comulgaban con el cuerpo y la sangre; y todavía se observa lo mismo en ciertas iglesias, en las cuales incluso los ministros del altar comulgan con el cuerpo y la sangre. Por el peligro de derramarla, en muchas iglesias se dispuso que solamente el sacerdote suma la sangre, mientras que los demás sólo el cuerpo. Esto sin embargo, no contradice la sentencia del Señor, porque quien comulga con el cuerpo lo hace también con la sangre, ya que Cristo se contiene enteramente en ambas especies: en el cuerpo y en la sangre. A raíz de la consagración misma, el cuerpo de Cristo se contiene bajo la especie del pan; la sangre sólo por natural concomitancia. Mientras que en la especie del vino, la sangre de Cristo se contiene a raíz de las palabras de la consagración, el cuerpo por natural concomitancia. Así se demuestra la necesidad de tomar este alimento espiritual».[33]

Hablará también de dos tipos de realidades en el sacramento: Una que se encuentra contenida y significada en el mismo, y este es Cristo en toda su integridad, contenido bajo las especies de pan y de vino; otra que es significada pero no contenida, y es Cristo en su Cuerpo Místico, en cuanto abarca también a todos los predestinados, llamados y justificados. La utilidad del sacramento es entonces muy grande, porque no sólo comunica la vida eterna al alma, sino también al cuerpo.[34]

– v.56: El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él. Se ha dicho que se nutre espiritualmente de este sacramento aquel que se incorpora al Cuerpo místico por la unión de Fe y Caridad. Respecto a la manducación sacramental, quien come la carne y bebe la sangre permanece en Dios, y esto es posible sólo para quien se nutre realmente de dicho alimento, y no sólo sacramentalmente. Y esto es posible a motivo de lo que antes se afirmó, que al tomar el sacramento se incorpora la realidad contenida y significada en el mismo, el Cristo en su totalidad.

Los que acceden a Cristo con corazón falso, en cambio, no permanecen en El, ni Cristo en ellos, porque en el hombre falso el sacramento no produce ninguno de sus efectos. Falso es aquel cuyo interior no corresponde a lo que se significa exteriormente. En el sacramento de la Eucaristía, se significa exteriormente que Cristo viene a incorporarse a aquel que lo recibe, y viceversa. Todo aquel que no posee en su corazón el deseo de dicha unión, o no se esfuerza por remover los impedimentos para la misma, es falso.[35] Por lo tanto, ni Cristo permanecerá en él, ni él en Cristo, por lo que dirá San Pablo: Quien come y bebe sin reconocer el cuerpo del Señor, come y bebe su propia condena (1 Cor 11,29).

 

[1] También Tomás de Aquino, en su comentario, coloca el fin del milagro de Jesús sobre el agua en el v.21, y el inicio de la sección que incluye el discurso del Pan de vida en el v.22 (cfr. Tomás de Aquino, Comentario al evangelio de San Juan [In evangelium Iohannis expositio], VI, lect. II y III, ed. Città Nuova, Roma 1992, vol. II, 470-479).

[2] Confrontar con el esquema de esta división general en el apéndice I.

[3] Nuestro esquema del discurso del Pan de vida se encuentra en el apéndice II.

[4] Cfr. R.E. Brown, Giovanni: Commento al vangelo spirituale, Cittadella, Assisi 19913, 340; 352; 379-80.

[5] Cfr. R.E. Brown, op. cit., 379.

[6] Brown desarrolla ambos temas (op. cit., 352-355).

[7] Afirma que varios autores clasifican ambas secciones del mismo modo, como Lagrange, E. Schweizer, Menoud, Mollat, Mussner, Bultmann, Dodd, Barrett, Feuillet. (cfr. op. cit. 352). Los más citados: A. Feuillet, Les themes bibliques majeurs du discours sur le pain de vie (Jean 6), NRT 82 (1960), 803-22, 918-39, 1040-62; J. Jeremias, Joh. 6, 51-58 redaktionell?, ZNW 44 (1952-53), 256-7. También, aunque Brown no lo menciona: A. Wikenhauser, L’Evangelo secondo Giovanni (Nuovo Testamento commentato IV; Morcelliana Brescia, 1959), 167-178.

[8] Cfr. R.E. Brown, op. cit., 391. Puede incluso consultarse la versión española (reducida): El evangelio y las cartas de Juan, Desclée de Brouwer, Bilbao 2010, 74-75, donde afirma ser esta también la opinión del exégeta M.-J. Lagrange, O.P.

[9] Cfr. R.E. Brown, op. cit., 379-380. La obra de P. Borgen, Bread from Heaven (SNT X, 1965).

[10] Si incluso tomamos la expresión completa: “voluntad del que me envió, que yo lo resucite en el último día”, la inclusión entre vv. 39-44 es perfecta del punto de vista estilístico.

[11] Cfr. R.E. Brown, Giovanni, 365.

[12] San Ignacio en Carta a Romanos 7,3; a los Filadelfios 4, a los de Esmirna 7,1¸a los Traíllanos 8,1; San Justino en Apología I, 66.

[13] Como expresamente en 1 Jn 4,2: Todo espíritu que confiesa que Jesucristo vino en carne mortal procede de Dios: S. Ignacio, Carta a los de Esmirna 12,2.

[14] Cfr. A. Wikenhauser, L’Evangelo secondo Giovanni, 176-7. La versión siríaca Peshitta, editada en el tardo siglo IV d.C., utiliza el término pagar o pigrà para ‘cuerpo’ en Jn 6, pero bisrà en Jn 1,14.

[15] En primer lugar refiere el milagro que Cristo hizo para abastecernos de alimento corporal, en segundo lugar trata del alimento espiritual (v.26: En verdad, en verdad os digo: Me buscáis porque…). Cfr. Tomás de Aquino, Comentario, VI, lección I,457.

[16] Cfr. A. Wikenhauser, L’Evangelo secondo Giovanni, 183-4.

[17] Cfr. Pierre Perrier, Evangiles de l’oral a l’écrit II : Les Colliers Évangéliques ; Ed du Jubilé, Paris 2003, 208. 211.

[18] Cfr. Tomás de Aquino, Comentario al evangelio de San Juan, vol. II, (n. 887) 480.

[19] Afirma que Jesús mismo lo dirá al fin del discurso: Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida (v.55) (cfr. p. 483).

[20] Cfr. S. Hilario, De Trinitate, 8,44 (PL 10, 269).

[21] Cfr. Tomás de Aquino, Comentario, (n. 901) 486-7.

[22] Cfr. Ibidem, (n. 910) 490.

[23] Cfr. Tomás de Aquino, Comentario, (n. 901) 486-7.

[23] Cfr. Ibidem, (n. 915) 492-3.

[24] Cfr. Ibidem, (n. 920) 494-5.

[25] Jesús le dijo (a Pedro): “¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre del cielo!”

[26] Cfr. Tomás de Aquino, Comentario, (n. 935) 502-3.

[27] Cfr. Ibidem, (n. 937-38) 504-505.

[28] Aquino presenta el siguiente pasaje de Mateo: Muchos vendrán del Oriente y del Occidente… (Mt 8,11), pero aquí el término utilizado originalmente es precisamente muchos (polloi). Nos parece más iluminador el pasaje de 2 Cor 5,15 que hemos presentado, aunque no es el único. La opinión de S.J. Crisóstomo: In Joannem, hom. 46,1 (PG 59, 258).

[29] Contra la fútil dialéctica, de ciertos tradicionalistas anquilosados, que ven en el ‘muchos’ una cuestión dogmática, y en el ‘todos’, cada vez que es usado en términos de salvación, una terrible herejía.

[30] Cfr. Tomás de Aquino, Comentario, (n. 943-44) 507-8.

[31] Cfr. Ibidem, VI, lec. VI (n. 954) 514.

[32] Cfr. Ibidem, (nn. 961-64) 516-17.

[33] Cfr. Ibidem, (nn. 970) 520-21.

[34] Cfr. Ibidem, (n. 972).

[35] Cfr. Ibidem, (n. 976).

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