LAS RAZONES DEL CELIBATO CATOLICO

LAS RAZONES DEL CELIBATO CATOLICO [1]

           Se ha vuelto a hablar, en nuestros días, de “crisis del celibato sacerdotal católico”. “La costumbre y la ley del celibato están hoy en crisis en la iglesia católica”, se siente decir, muchas veces sin plena conciencia del significado de dicha frase.

            Entre otras cosas, la gente que ingenuamente se hace eco de dichos rumores olvida que no es la primera vez que esas voces se escuchan. La primera vez en Occidente, en tiempos relativamente modernos, acaeció en la Alemania de comienzos del siglo XIX. El iluminismo, que se encontraba en pleno auge, había echado raíces en algunos profesores católicos de Friburgo in Brisgovia (Brisgau), en el estado sudeste alemán de Baden- Wittenberg (en aquel entonces un ducado), quienes presentaron un memorial escrito al gran duque, al parlamento y al mismo arzobispo de Friburgo, pidiendo la abolición del celibato sacerdotal. En ese entonces, fueron valientemente refutados por un teólogo pionero de la moderna eclesiología, Johann Adam Möhler, en un ensayo titulado: Dilucidación del memorial para la abolición del celibato prescrito a los sacerdotes católicos.[2]

            La segunda oportunidad en que el celibato se puso fuertemente en tela de juicio en los tiempos modernos, fue con ocasión de la llamada “crisis posconciliar”, después del Concilio Vaticano II, también en ambientes germanos y del Nord Europa (Holanda en particular). En esos años de fines de la década del 60, empezaron a verse cosas inéditas: Sacerdotes que dejaban su ministerio y sus comunidades, votaciones sobre el celibato, movimientos que solicitaban su abolición. También aquí aparecieron, en la misma Alemania, valientes defensores del celibato que buscaron investigar sus raíces profundas y las funestas consecuencias de una posible abolición. Fabro sigue, en este artículo, el estudio de G. May.[3]

          Según este último autor, esta contestación del celibato no consiste en un asunto intelectual, como no lo es tampoco en nuestros días, en que el tema se ha vuelto a poner en el tapete. Basta ver el modo superficial y frívolo con el cual es tratado por los medios de comunicación. Por dicha razón, May sostiene que no se trata de una “insuficiente fundación de la ley del celibato, pues los que encuentran insuficiente la regla del celibato son normalmente los mismos que operan por impulsos irracionales y se dejan llevar por diversas tendencias”. Por el contrario, “la fundamentación del celibato es suficiente para aquellos que están dispuestos y que saben que implica un sacrificio. El que no lo quiere, en cambio, no encuentra ningún fundamento ni en la Humanae vitae ni en la Sacerdotalis caelibatus.[4]

            La presente crisis del celibato (la posconciliar, pero que también se aplica a la de nuestros días) posee varias raíces, algunas proceden de la iglesia, otras de afuera. Las principales son:

a) La contestación a los valores: Los valores más elevados y exigentes son cada vez más combatidos o considerados muy simples, y por lo tanto despreciados. Esto sucede afuera y adentro de la Iglesia, sólo que dentro de ella, estas contestaciones sólo salen a la luz cuando la autoridad de los Pastores se debilita y cuando el ‘espíritu del mundo’ – podemos decir – viene en su ayuda.

b) Inseguridad en la Fe: Una inseguridad en la Fe ha afectado hoy a una buena parte del clero y hasta del pueblo cristiano. Ha nacido de posiciones no católicas, pero ha gozado del apoyo de algunos teólogos ingenuos (o mal intencionados) y de operadores de publicidad. La campaña de denigración del sacerdocio ha quitado a muchos sacerdotes la conciencia de la dignidad y del valor del sacerdocio. Si el sacerdocio, como afirman muchos, fuera una profesión como cualquier otra, no se ve porque no se pueda cambiar cuando a alguno este ‘yugo’ ya no le resultase placentero o soportable. Si no se pone a salvo lo absoluto de la Fe católica, no se dará sin duda lugar a un número notable de hombres y mujeres dispuestos a realizar un sacrificio que se eleva por encima de la medida ordinaria de las otras denominaciones cristianas.

            El gran sacrificio de la vida celibataria se ubica, necesariamente, dentro del carácter de la Iglesia católica como única iglesia de Jesucristo.[5] Mientras más se difunda la idea que las demás confesiones no católicas se encuentran más o menos a la par de la iglesia católica, más se volverá incomprensible el por qué se deba exigir a un sacerdote católico el sacrificio que aquellas no conocen. El sacerdote católico se sacrificará – y la completa abstención sexual es sacrificio – sólo por una causa absoluta. El clamor a favor de la abolición del celibato nace de la falta de Fe en el poder de la gracia. No se tiene más confianza en la Gracia de Dios que puede comunicar el querer y el obrar.[6] La destrucción de la “Fe objetiva” (del contenido de la Fe) arrastra la Fe subjetiva (la que tiene cada persona) a un compromiso en el cual no debería caer.

c) Descuido de la oración: Esta es una causa ciertamente real. El padre Fabro comenta incluso, que el haber reducido el rezo del Breviario para el clero (después de la reforma litúrgica del Concilio Vaticano II) no ha tenido como resultado el hecho que el Breviario se rece con mayor devoción o que la parte que se quitó se sustituya con otras oraciones. La excusa ha sido la falta de tiempo, pero “en mi experiencia – comenta el padre Fabro – uno siempre encuentra el tiempo para hacer todo lo que quiere”. Se observan además (se observaban durante la crisis del post- concilio y también ahora, en ciertos ambientes religiosos) una disminución de otras oraciones: Se desprecia el rezo del Rosario, lo mismo hay que decir de la meditación y de las visitas al Santísimo Sacramento. La misma devoción a la Virgen se ha apagado en muchos y se minusvalora la confesión frecuente. La caída del celibato coincide también con la decadencia de los Ejercicios espirituales.

d) Incomprensión de la auto abnegación: Falta también una adecuada comprensión del fenómeno de la ascesis. El vocabulario de la teología progresista ha hecho desaparecer vocablos como dominio de sí, moderación, renuncia, etc. Se pretende gozar de la vida durante el mayor tiempo posible, lo más rápido y frecuentemente posible. La renuncia y la abstinencia son objeto de burla, la castidad virginal y la pureza de conciencia son también despreciadas. El general ‘sensualismo’ de la vida lleva muchos jóvenes a experiencias eróticas precoces que ciertamente bloquean la vía para el sacerdocio. La disolución del matrimonio y la corrupción de las costumbres llevan a menudo – la experiencia de la historia lo indica – al desprecio del celibato. Quien lo acepta, tiene que tratar de imponerse contra preconcepciones, oposiciones y difamaciones (y no es fácil). A eso se agrega el hecho que la abstinencia de la actividad sexual no puede existir separadamente, sino que debe verse acompañada de una conducta que esté dispuesta a la renuncia en otros campos.

           También contribuye la problemática matrimonial y familiar moderna. Donde existe la voluntad de vivir el matrimonio según las leyes de Dios y de tener una familia numerosa, existirán también numerosos jóvenes y chicas dispuestos a ofrecer un libre celibato por amor de Dios. Pero la alegría de las familias numerosas ha disminuido en los últimos años de modo asombroso. Desapareciendo el espíritu de sacrificio en las familias, desaparecerá también en los hijos. El sacrificio del celibato se presenta como sumamente pesado y se buscan razones aparentes para evitarlo.

e) La actividad del movimiento anticelibatario: Fabro – siempre siguiendo a May – se refiere a la puesta en discusión del celibato por parte de los teólogos progresistas, sobre todo durante la época del posconcilio. Allí sobresalieron las figuras de Hans Küng y de Böckle, entre otros, además de algunos obispos holandeses. Nosotros podemos añadir que hoy día esto se encuentra mucho más difundido y bien claro en países como Austria, Suiza, Alemania, algunos países anglosajones y hasta pequeños grupos en países latinos. Estos movimientos proceden, por lo general, de teólogos que hace ya tiempo abandonaron la cura de las almas y gozan de bienestar económico. La vida burguesa y el darse a las teorías no son favorables a los dones de Dios. La así llamada ‘discusión por el celibato’ quita a muchos otros sacerdotes la alegría y la seguridad de su estado y por lo tanto la fuerza de ser fieles a sus obligaciones.

Carisma y ley del celibato

1) El carisma: Uno de los argumentos más utilizados por los adversarios del celibato consiste en la afirmación que la Iglesia no puede ligar el celibato al sacerdocio con una ley, sino que se trata de un carisma que debería ser puesto en práctica sólo por quien lo posee.

            A esto se responde que es exacto decir que existe un celibato que es un don particular de la gracia de Dios. Esto ya lo afirmaba el apóstol San Pablo (1 Cor 7,7).[7] Pero es necesario aclarar la esencia y los límites de este don de la gracia.

          El carisma es una gracia que obra en todo aquel que no le pone obstáculo, una particular disposición y tendencia para la vida célibe, en este caso. De ningún modo el carisma constriñe al celibato ni dispensa de la decisión de querer vivirlo. Por dicho motivo, el carismático no es menos capaz del matrimonio de lo que cualquier otro pueda serlo. Según el May – a quien Fabro sigue – este carisma se encuentra abierto a todos y puede ser obtenido por todos; además, el celibato puede ser vivido sin un carisma especial, y toda persona, en ciertas circunstancias, debe vivirlo. De hecho, la Iglesia pone como condición, para recibir el Orden Sagrado, tanto el carisma del celibato como la voluntad de vivir en plena abstinencia sexual. El comportamiento de la Iglesia es lógico, pues establece las exigencias propias de aquellos que ejercen el ministerio. Quien quiera llegar a ser sacerdote debe asumir la ley de la completa abstinencia sexual. Algunas veces se manifiesta dicha voluntad con un juramento expresado libremente. Hablar de “constricción”, en este caso, es totalmente incomprensible. Nadie está obligado, así como nadie lo está a ser sacerdote.

             Por demás, la observancia de la abstinencia sexual no se encuentra necesariamente ligada al carisma y vale aun cuando no se lo posea, y en ciertas circunstancias vale para todos, casados o no; los hombres que están llamados al matrimonio tienen también que abstenerse antes del matrimonio de toda actividad sexual, tengan o no tengan el carisma. También tienen que abstenerse de ella los hombres que, por diversas razones, no llegan al matrimonio, aun cuando para dicha renuncia no disponen de ningún carisma. El deber de la completa abstinencia sexual rige también para los que, a causa de ciertos defectos físicos, no pueden aspirar al matrimonio. También rige para los millones de viudos y viudas, de abandonados y separados. Vale también para los hombres casados cuya mujer posea una severa indisposición o problema físico. Vale también para todos los prisioneros y los combatientes, durante todo el tiempo en el cual no pueden frecuentar sus respectivas mujeres.

            Por otra parte, la ley del celibato en la Iglesia abraza a un buen número de hombres (y también de mujeres consagradas), muchos muy cultos y dotados. Tienen a su disposición medios naturales y sobrenaturales.[8] Muchas exigencias de la vida, incluso en situaciones de heroísmo, guerras, etc., llevan a esperar que muchos hombres estén dispuestos a defender la patria poniendo en riesgo la propia vida. Estas exigencias no provienen de leyes humanas sino de preceptos divinos.

2) La ley: La completa abstinencia sexual de un buen número de personas es requerida también por ley de la Iglesia, y esto por dos razones:

– La obligación jurídica del celibato significa la codificación ministerial de la alta estima que la Iglesia tiene del celibato por amor de Jesucristo, y la explicación de la conexión que existe entre sacerdocio y celibato, pues sin esta ley sería muy difícil para los fieles y los sacerdotes mediocres el conocer el rango que compete al celibato en la iglesia de Dios por voluntad de Cristo y en la doctrina de la Iglesia.

– Además, la ley, por su claridad e irrevocabilidad, funciona de hecho como el último ‘dique’ de contención para muchos sacerdotes en los momentos de cansancio, debilidad y tentación. Situaciones que existen sin duda, donde la dignidad del sacerdocio no dice más nada para el sacerdote, situaciones en las que experimenta el peso de la soledad y la desilusión. En la ley del celibato encuentra el sacerdote un apoyo, sabiendo que no puede abandonar los fieles, su vocación, etc. Si cae la ley del celibato, caerá el sacerdocio celibatario. Quedarán sin duda aún muchos sacerdotes célibes de la vieja generación, pero en poco tiempo representarán un número muy exiguo, sin peso y seriedad. El sacerdote casado se convertirá en el prototipo del ministro, con todos los problemas que ello conlleva, y tanto la fuerza de la gracia como el valor de los bienes espirituales quedarán debilitados en la Iglesia, tal como sucedió en las confesiones protestantes.

La crisis y su superación

1) El camino en la crisis: La crisis puede sobrevenir a cualquier sacerdote. Si tal cosa pueda suceder sin culpa del sacerdote, es algo difícil de decir. La sexualidad debe ser continuamente vigilada, domada, vencida. El impulso sexual, normalmente, toma la fuerza que uno le da, y no es cierto afirmar que comienza o se despierta sin nuestra colaboración. Aquel que se renueva cada día con la meditación, la lectura espiritual, la oración del Rosario, la celebración del Santo Sacrificio, la visita al Santísimo Sacramento, quien se purifica normalmente con el sacramento de la Confesión, quien conserva la Fe y la humildad, este no tiene nada que temer. Pero el que juega con fuego, no se debería maravillar si se quema. Además, las fuerzas sexuales, una vez despiertas, no son fáciles de volverlas a controlar.

2) La tarea del ministerio: Algunos buscan escapar a la crisis con el recurso de la interrupción del ministerio, pero se trata de una ilusión fatal, el creer que el sacerdote encontrará una perfecta solución y una facilidad retirando aquella que fue su decisión fundamental en su momento. En realidad, este ‘retiro’ no puede producirse sin un quebranto de la personalidad. La derrota dejará en él un aguijón, y la capitulación no le permitirá el encontrar una paz perfecta.

Objeciones contra el celibato

1) Actuación de valores humanos: Se escucha decir que el celibatario no alcanza su plena humanidad porque le falta la compañía del matrimonio. ¿Qué debemos responder a esto?

            Es verdad que el matrimonio puede desarrollar muchas de las dotes del hombre. También es cierto que un matrimonio puede incluso impedir su completa expansión. Es difícil dar números, pero al menos debe decirse que, para el sacerdote, el Señor exige la autoabnegación, el decir ‘no’ a las propias posibilidades, el decir ‘no’ a los valores más pequeños en beneficio de los más altos. Renunciar a los valores naturales en beneficio de los sobrenaturales no es un mal trueque; aún más, podríamos decir que es la ley fundamental del cristianismo. Es además evidente que ningún hombre es capaz de realizar todas las posibilidades que se encuentran en la naturaleza humana, sino sólo una parte. Si el celibatario no realiza (todos) los valores en conexión con el matrimonio, realiza en cambio los que se conectan con el celibato.

2) Carencia de sacerdotes: Se escucha también decir que habría un mayor número de aspirantes al sacerdocio si no existiera el celibato. A esto se responde: Atribuir al celibato la causa de la carencia de sacerdotes no es más que trasladar o cambiar de lugar el problema. Porque el celibato puede ser obstáculo para aspirar al sacerdocio sólo para aquellos que rechazan el sentido sobrenatural, el espíritu de mortificación, la abnegación y el celo. El atribuir al celibato esta carencia es sólo un pretexto. La falta de clero no es menor entre los protestantes, los ortodoxos y los viejos católicos (y podríamos agregar otros). Todo lo contario, es peor en ellos que en la Iglesia católica.

3) Actitud al matrimonio: Se dice que el sacerdote tiene derecho al matrimonio y que la Iglesia no se lo puede impedir. La objeción es abiertamente herética (y abiertamente absurda, podemos agregar), que no tiene necesidad de ser refutada.

            En todas las discusiones sobre el “derecho al matrimonio”, se considera obvio que quien tiene dificultad para vivir como célibe es libre de contraer matrimonio. De todos modos, el “derecho al matrimonio” no es ilimitado por derecho divino. La edad, las enfermedades mentales y psíquicas, obstáculos de orden civil, la religión, las diversas cualidades del carácter, etc., pueden impedir un determinado matrimonio, e incluso todo matrimonio.

Consecuencias de la supresión del celibato

1) El encontrarse dividido, entre una mujer, hijos y el ministerio, como puede verse en el protestantismo (esto lo había visto muy bien Kierkegaard, en la Dinamarca del siglo XIX), entre los ortodoxos, e incluso en los ritos orientales católicos que permiten que accedan al sacerdocio hombres casados. Actualmente dichos ministros representan un problema, incluso económico, para sus obispos y fieles.

2) El resentirse de la cura de las almas: El servicio del altar, la administración de los sacramentos y sacramentales, la predicación, el catecismo, la cura de los enfermos, la visita de las casas, la pastoral diferenciada, la administración (de una parroquia u organismo, por ejemplo), la vida de oración personal, todas estas cosas absorben a un sacerdote tan completamente que no puede uno imaginarse como todo esto pueda ser llevado a cabo por un hombre casado y padre de familia.

Conclusión: El celibato en la iglesia católica es necesario si esta no quiere empobrecerse de manera miserable. Rezamos para que Dios dé a los pastores de la Iglesia firmeza, a los teólogos luz, a los sacerdotes fuerza y a los jóvenes el coraje de mantener el celibato y de convertirlo, con una vida pura y fuerte, en expresión de la dedicación a Dios y medio adecuado para el servicio a los hombres.       

 

[1] Nos proponemos llevar a cabo un comentario parafraseado del artículo del p. Cornelio Fabro, titulado Attualità e crisi del celibato nel mondo contemporáneo (Actualidad y crisis del celibato en el mundo contemporáneo). El mismo se encuentra en el volumen L’avventura della teologia progresista, el cual conoce dos ediciones; la primera de editorial Rusconi, Milano 1974, pp. 272-284 y la segunda, curada por el proyecto cultural Cornelio Fabro (C. Fabro, L’avventura della teologia progresista, Opere complete 26; EDIVI, Segni 2014; 195-203).

[2] Que se encuentra en la obra: J.A. Möhler, Gesammelte Schriften und Aufsätze, Regensburg 1839-40, vol. I, 177-267, citado por p. Fabro (Op. cit., EDIVI, 179).

[3] Cfr. G. May, Zölibat und Zölibatskrise, en «Das Zeichen», Limburg 1969, 16. Citado por Fabro (Op. cit., Rusconi 272, EDIVI, 195).

[4] Ambas fueron las últimas encíclicas de S.S. Papa Paulo VI, hoy beato. En la Sacerdotalis caelibatus (24/6/1967) defendió la tradición permanente de la Iglesia respecto al celibato de los sacerdotes; en la Humanae Vitae (25/7/1968) la doctrina del matrimonio y el deber de los esposos de transmitir la vida humana. Ambas encíclicas fueron celebradas en el mundo católico por quienes esperaban una declaración formal del magisterio sobre dichos temas. Fueron también fuertemente criticadas por los contestadores y detractores.

[5] Ya el Concilio Vaticano II declaraba que “la verdadera iglesia de Jesucristo subsiste en la Iglesia católica”; cfr. Constitución dogmática Lumen gentium, 8.2.

[6] Flp 2,13: Es Dios quien, según su beneplácito, actúa en vosotros tanto el querer como el obrar.

[7] Desearía que todos fueran como yo; sólo que cada uno recibe de Dios un don particular, a unos éste, a otros aquél. “Don particular” traduce el vocablo griego jarisma (carisma).

[8] Sobre la historia de la ley del celibato católico y la intención de reducirlo a sólo “optativo”, recomendamos este muy buen artículo del R. P. Miguel A. Fuentes: http://www.teologoresponde.org/2014/03/21/por-que-los-sacerdotes-no-se-casan-no-solucionariamos-el-problema-de-las-vocaciones-haciendo-el-celibato-optativo/

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