LA REFORMA Y MARTIN LUTERO: ¿Renovación o revolución?

Nota: Los números entre paréntesis () corresponden al número de diapositiva de la exposición de Power Point: Reforma, ¿renovación del Espíritu Santo o división en el cuerpo de Cristo?

Para bajar la exposición en Power Point, hacer click aquí. [En caso de citación, pedimos mencionar el link del post como fuente. Gracias]

Martín Lutero

  1. Introducción

– (1) ¿Por qué Lutero hoy? En primer lugar, podríamos decir que, con ocasión de cumplirse los 500 años de la llamada Reforma protestante, este controvertido personaje histórico ha vuelto a cobrar relieve.

Algunos representantes de distintos ámbitos de la jerarquía católica, con una intención, en principio ecuménica y de acercamiento hacia los luteranos, se han expresado sobre dicho personaje histórico en modo muy llamativo:

– (2) El Card. Reinhard Marx, presidente de la conferencia episcopal alemana, afirmaba: «Después de 50 años de diálogo ecuménico conjunto, es posible que un cristiano católico lea los textos de Lutero apreciándolos y aprenda de su pensamiento» (en el periódico alemán Politik & Kultur, del 2/01/2015).[1]

– (3) El cardenal suizo Kurt Koch, Presidente del Pontificio Consejo para la promoción de la Unidad de los cristianos, afirmaba por su parte en un artículo de “L’osservatore Romano”: «Lutero no apuntaba a la división de la Iglesia, sino que con sus esfuerzos de reforma llamaba la atención sobre las cosas que no iban bien y que oscurecían el mensaje del Evangelio.» (L’Osservatore romano, 4/1/2015).

– (4) El cardenal Walter Kasper, en su libro Martín Lutero, una perspectiva ecuménica, afirma:[2] «Lutero era un reformista, no un reformador. No pensaba en convertirse en fundador de una separada iglesia de la Reforma. Su meta era la renovación de la Iglesia católica – es decir, de todo el cristianismo- desde el Evangelio» (pos.157 epub).

– (5) Y otras declaraciones (del mismo): «Para los católicos, Lutero fue el hereje por antonomasia, el culpable de la división de la iglesia occidental, con todas sus consecuencias (…) La investigación católica sobre Lutero imprimió un notable giro (…): llevó al reconocimiento de la aspiración genuinamente religiosa de Lutero, a un juicio más justo sobre el reparto de culpas por la división de la Iglesia , y por influencia del ecumenismo, a la recepción de algunos de los planteamientos de Lutero (…) Para algunos, Lutero se ha convertido ya prácticamente en un padre de la Iglesia común a las dos confesiones, la católica y la evangélica» (p.77 epub).

Ante dicho tenor de afirmaciones, creemos sea de importancia el estudio del tema.

  1. Contexto histórico (6)

            Varios estudiosos sostienen posiciones diversas a las que hemos expuesto. La doctora Angela Pelliciari, por ejemplo, estudiosa de historia de la Iglesia, afirma lo siguiente: «A partir de 1517, la persecución contra la Iglesia pegó un brusco salto de calidad, con Lutero y con posterioridad a él, gracias a muchas naciones que se hicieron protestantes, y que vieron justificado su odio a Roma (aunque también contra los hebreos) gracias a la predicación de un ex monje agustino, quien se había transformado en el “Moisés alemán”, o jefe espiritual indiscutido de toda aquella nación. Lutero y los luteranos lucharán en nombre de la libertad y la igualdad, conceptos que conocemos bien, pero estos bellos ideales servirán entonces para justificar un absolutismo hasta el momento desconocido en ambiente cristiano. Allí donde llega Lutero, la “Libertas Ecclesiae” es un mero recuerdo del pasado, porque las diversas iglesias nacionales estarán completamente sujetas al poder temporal».[3]

Según la Pelliciari, para comprender el auge del movimiento luterano y su aceptación es muy necesario entender el contexto histórico en el cual este se desenvolvió, y algunos acontecimientos que lo prepararon:

2.1. Etapas o condicionamientos remotos

a) Cautiverio de Avignon: (7) La lucha por el poder de nombrar obispos y de poseer territorios, entre el papado y el Imperio (Sacro imperio romano germánico), dejará como resultado el fortalecimiento del rey de Francia, especialmente Felipe IV el hermoso, quien logra presionar a los papas para que trasladen su residencia a Francia, en Avignon, durante el siglo XIV (1309-1377). Este exilio mantendrá a los Papas bajo control francés.

Se sumó a esto el hecho que la Iglesia se organizaba (hasta Napoleón) con el sistema de ‘beneficios’. A cada “oficio eclesiástico” (cargos o títulos) correspondía una renta anual que permitía al titular del oficio llevar a cabo su cometido y ejercer su función. Durante el papado de Aviñón se decide que la persona a cargo de un oficio debería anticipar la renta de un año entero del beneficio correspondiente, entregándolo a la Santa Sede. Por lo tanto, era obvio que llegaba a ser obispo, cardenal, párroco o vice párroco, y así sucesivamente, sólo aquel que disponía de los recursos necesarios para financiarse. Y esto no es aún suficiente. Desde el momento en que los ricos son pocos, se concentraba en sus manos un gran número de oficios; a aquellos que podían anticipar los ingresos de un año se les asignaba un número exorbitante de cargos y títulos, sucediendo entonces que algunos obispos y párrocos se convirtieron en titulares de decenas – a veces de centenares – de diócesis y parroquias. Ellos, a su vez, confiaban a los vicarios la atención de los fieles, y estos, titulares de numerosos vicariatos, nombraban sustitutos.[4] 

b) Cisma de Occidente: (8) Después de este cautiverio, con el regreso de los papas a Roma, sobrevendrá el llamado Cisma de Occidente, que verá dos papas ejerciendo su autoridad (los franceses no se resignaban a perder el papado). Un factor intelectual que contribuyó fue también, a partir del siglo XIV, el rechazo del pensamiento metafísico (con el nominalismo de Ockham) que produjo el olvido del interés por la sustancia, la calidad y la esencia de las cosas, para sustituirla con meras abstracciones conceptuales. La autora cita al Papa Benedicto XVI, quien afirma que la herencia de la filosofía griega, críticamente purificada, forma parte integrante de la fe cristiana. Este se pondrá en duda en la teología moderna a partir de tres oleadas que comienzan en la Reforma del siglo XVI. La fe no aparecía ya como palabra histórica viva, sino como un elemento insertado en la estructura de un sistema filosófico.[5]

2.2. Condicionamientos próximos

a) La sociedad alemana: (9) Además de las ya vistas, existen también razones históricas más cercanas en el tiempo, y en estrecha relación con la situación de Alemania de principios del siglo XVI, que condicionaron en cierto modo la Reforma. De hecho, «a finales del siglo XV, cuando los reinos europeos, fortalecían el poder del rey con una marcada tendencia al absolutismo, las cosas en Alemania procedían según modos más antiguos, de acuerdo al uso feudal: El poder se hallaba dividido entre una multitud de sujetos laicos y eclesiásticos».[6] Al mismo tiempo, la vida cultural alemana era bien animada: Se fundaban muchas universidades, el país poseía las familias más poderosas de comerciantes y banqueros del mundo; luego de la caída de Constantinopla habían llegado también un nutrido grupo de estudiosos, filósofos, teólogos, rabinos, los cuales contribuyeron a hacer familiar el estudio de las lenguas: latín, griego, hebreo. Incluso desde la rica y esotérica Florencia, se contagiaba un humanismo del cual desbordaba una gran pasión por el estudio de las fuentes – Sagrada Escritura incluida -, pero muy crítico de la escolástica y de las diversas formas de piedad popular. En Alemania, este humanismo se hallaba coloreado por el nacionalismo. De este modo, la literatura de lengua alemana nace anti-romana, y el Dante local resultó ser un hombre llamado Martín Lutero quien, en 1534 compone la traducción de la Biblia.[7]

(10) La originalidad de esta traducción consiste en que se expresa en “lenguaje común”, aquel que todo el mundo podía entender en Alemania. Esta traducción es a menudo muy libre, hasta el punto que, con el objeto de aclarar o enfatizar mejor ciertos pasajes que se consideran fundamentales, no duda en modificar el texto mediante la introducción de términos que no se hallan presentes en el original. Así, en Rom 3,28: Porque afirmamos que el hombre es justificado por la fe, independientemente de las obras de la ley, se traduce con la adición del adjetivo “sola (fe)” (es justificado por la sola fe), lo cual no es irrelevante para la recta comprensión del texto,[8] sino que incluso cambia notablemente su significado, hacemos notar nosotros.

b) La predicación de las indulgencias: (11) Se ha hablado mucho del escándalo causado por la predicación de las indulgencias, especialmente en Alemania, es decir, la remisión de la pena temporal por los pecados, una vez que han sido perdonados en cuanto a la culpa, indulgencia que la Iglesia tiene el poder de administrar.[9] Es cierto que eso constituyó un escándalo y ha sido un milagro que la Iglesia haya sobrevivido al mismo; sin embargo, la reforma luterana no nace de este escándalo, como habitualmente se cree.

Es verdad que la iglesia alemana tenía una estructura rígidamente feudal; todos los obispos eran nobles, así como los abades de los grandes monasterios. Eso se asocia con la inmoralidad, el absentismo y la falta de espíritu misionero. El comercio de reliquias está en auge; se cree que una visita es suficiente para ganar indulgencias por miles o millones de años.

(12) A esto se agrega que, en Alemania, la indulgencia plenaria promovida por el papa Julio II de la Rovere y León X Medici para la construcción de la basílica de San Pedro es recaudada por el libertino Alberto de Brandeburgo (13), quien, a los 24 años, siendo ya obispo de Magdeburgo, se endeuda con los Fugger para comprar el obispado de Maguncia, que le permitirá convertirse en príncipe elector. El joven arzobispo se propone pagar sus deudas con la predicación de las indulgencias, llegando a redactar, en la Instructio Summaria, que se podía comprar indulgencia plenaria en favor de los muertos sin necesidad de arrepentimiento y sin la confesión.[10]

  1. Martín Lutero

            (14) Martín Lutero, nacido el 10 de noviembre de 1483 en Eisleben, Sajonia, decide, después de ciertos estudios de derecho y jurisprudencia, convertirse en monje a causa de un voto hecho a Santa Ana por haberlo salvado de la caída de un rayo fulminante durante una gran tempestad. Llega a ser monje agustino a Erfurt. Esto es lo que sostiene la historiografía luterana.

Fuentes autorizadas afirman que su ingreso en el monasterio agustino fue una manera de escapar de la justicia. De hecho, como todo estudiante de derecho, tenía derecho a llevar una espada, pero no a usarla. Sin embargo, los duelos eran comunes y en uno de ellos él mataría a otro estudiante. Él mismo dice en un sermón de 1529: “He sido un gran villano y un asesino”, y en una conversación cordial: “Por un propósito singular de Dios me he convertido en monje para no ser detenido. De lo contrario, habría sido fácilmente arrestado”.[11] Otra prueba es el hecho de que su primer libro es un tratado sobre el asilo.

(15) Desarrolló sin duda una veloz carrera, tanto académica como eclesiástica, debiendo sin embargo luchar con mucha fuerza contra los deseos y tentaciones. No obstante, podrá seguir los estudios con gran regularidad y cierta brillantez. Se ordena sacerdote en 1507 y obtiene el diploma en Teología en Wittemberg en 1512. En 1510 peregrina a Roma, y si bien la historiografía luterana afirmará que quedó impresionado y disgustado por los escándalos y corrupción, especialmente del clero, las fuentes más firmes afirman que quedó fuertemente impresionado por el fervor cultural y artístico que animaba en aquellos años la capital de la cristiandad.

Su espíritu comenzará cada vez a inquietarse más, sin embargo, en relación a su condición de pecador y su vínculo con la justicia divina. Es en la doctrina de la “justificación por la fe” donde encontrará la base para su propia teología. Escribe: «A pesar que mi vida monacal era irreprochable, me sentía pecador ante Dios, con la conciencia muy turbada, y mis satisfacciones resultaban incapaces para conferirme la paz. No lo amaba, sino que cada vez aborrecía más al Dios justo, castigador de pecadores».[12] Esta actitud lo lleva a descubrir una nueva exégesis que, según él, debía hacerse sobre el texto de Rom 1,17: Porque en el evangelio se revela la justicia de Dios de fe en fe, como está escrito: El justo por la fe vivirá. Para Lutero, esta “justicia de Dios” hay que entenderla como la que Dios da y por la cual el justo vive, si tiene fe. La conciencia de dicha justicia de Dios como misericordia es la que abre la “puerta del cielo”, pero no es una justificación interior.[13] Este descubrimiento constituyó la llamada “experiencia de la torre”.

  1. Obras de Lutero

            El escribir constituirá para Lutero una verdadera pasión y una ‘misión apostólica’ como el mismo la considerará. Se aprovechó mucho de la imprenta, a la cual consideraba verdadero ‘don de Dios’ y medio envidiable para la predicación.

a) Escritos profesorales primeros: Clases sobre el Génesis (1512-13) nunca conocidas.

Lecciones sobre el salterio (1513-15), con tono despectivo hacia los escolásticos, frailes, algo sobre el Dios escondido (no puede considerarse aún revolucionario);

Comentario a la carta a los Romanos (1515-16), casi no se conoció hasta el s. XX (WA 56-57), que ya deja traslucir su posterior doctrina de la justificación, debido a la carga de experiencia personal, al influjo de Ockam, de la mística alemana (en parte de Agustín), formula su concepción del pecado como inevitable y de la incapacidad del hombre y de su esfuerzo siempre inútil, siendo sólo recompensado por una ‘justicia externa’ gracias al feliz encuentro con Cristo.

Lecciones sobre carta a los Gálatas (1516-17), a los Hebreos (1517-18).[14] 

b) Escritos polémicos primeros y hechos:

Disputatio contra scholasticam theologiam (WA I, 224-28); son 97 tesis (septiembre 1517 – dos meses antes de las 95), compuestas con ocasión del bachillerato de Franz Gunther. Aunque oscurecidas por las posteriores y famosas 95, estas son un poco más sistemáticas y ordenadas. Lutero hubiese querido que conociesen mayor difusión. De todos modos, aún en estas, el monje agustino manifiesta no conocer bien el sistema que ataca, aunque demuestra una confesión de rebeldía contra sistemas y contenidos heredados: anti humanismo maniqueo y algo agustiniano, la incapacidad del hombre encadenado por su libertad, la gracia informante como único agente, el amor de Dios predestinante, etc.[15]

Algunas perlitas: “El hombre, convertido en algo similar a un árbol podrido, no puede no querer otra cosas, sino el mal” (# 3); “es un error decir que la voluntad es libre de decidirse por el bien o por el mal. La voluntad no es libre, es una esclava” (# 5); “no nos transformamos en justos haciendo aquello que es justo, sino que cuando nos hemos hecho justos, entonces obramos según justicia. Contra los filósofos (# 40): “Todo Aristóteles respecto a la teología es como la oscuridad respecto a la luz” (# 50).[16]

– Controversias sobre el valor de las indulgencias (Las 95 tesis): (16) Tradicionalmente se ha sostenido que las 95 tesis de Lutero fueron clavadas en un gesto desafiante en las puertas de la iglesia del histórico castillo de Wittenberg, el 31/10/1517.[17] Va cada vez cundiendo más la convicción que este gesto nunca tuvo lugar, y algunos estudiosos han llegado a conclusiones decisivas, no aceptadas por los protestantes. Honselmann y estudios posteriores han mostrado que la difusión primera no se debió al debate, sino al celo de amigos entusiasmados y al clima propicio en ciertos ambientes.[18]

La ocasión fue sin duda la predicación de indulgencias mandada a realizar por Alberto de Brandeburgo, elegido ahora arzobispo de Maguncia, una de las sedes más codiciadas, pero que requirió un fuerte desembolso de dinero para pagar por adelantado beneficios a la sede papal. El predicador en Brandeburgo, el dominico Juan Tetzel, probablemente incurrió en algunas exageraciones teniendo en cuenta que en Wittenberg acudía mucha gente a comprar indulgencias por la cantidad de reliquias que allí se encontraban. En las 95 tesis no se muestra Lutero más violento que en otros escritos, pero el mismo es un amasijo de intuiciones teológicas, imprecisiones dogmáticas, de quejas fundadas y de rumores falsos, recogidos inorgánicamente. Deja muchos flancos vulnerables y se dice que el mismo Lutero se lamentaba de haberlas producido. Las últimas son especialmente muy virulentas: (# 86: “¿Por qué el Papa, cuyas riquezas hoy día son más crasas que las de los más opulentos crasos, no construye una sola basílica de San Pedro con su propio dinero, mejor que con el de los pobres fieles?”), pero también se contradice (# 91: “Todas estas cosas se solucionarían, incluso ni tendrían lugar, si las indulgencias se predicasen conforme al espíritu y a la mente del Papa”).[19]

– Tratado sobre la indulgencia y la gracia (1518): Intento de Lutero de dar más orden a sus tesis anteriores, que nunca fueron de su agrado. Esta tarea sólo la logró parcialmente. No niega tampoco aquí el completo valor de las indulgencias pero las pone en duda.

Controversia de Heidelberg (1518), con ocasión del capítulo general de la orden agustina.

– Entrevista de Augsburg (1518) ante el emperador (Maximiliano) y el legado papal; disputa de Leipzig, entre Eck (dominico que ya había eliminado a Karlstadt, humanista). Eck logró al menos que Lutero diese una declaración formal que el papado no pasaba de mera institución humana y que el primado se forjó centenares de años después.

– (17) Bula Exurge Domine (junio 1520): Buscaba puntos heréticos, retractación y quema de escritos.

Ante execrabilem antichristi bullam (WA 6, 597-629); Warum des Papstes und seiner Jünger Bücher vom D. M. Luther verbrannt sind (WA 7, 161-182), todos escritos de 1520. Actitud permanentemente hostil hacia el romano Pontífice.

– Bula Decet Romanum Pontificem de León X (enero 1521): Formal excomunión de Lutero. Este último la hará quemar públicamente.

Dieta di Worms (1521), donde Lutero se defiende delante del emperador. Su protector, el príncipe Federico III el Sabio, de Sajonia, para salvarlo del brazo secular lo rapta y lo lleva al castillo de Wartburg. Entre muchas dificultades espirituales, comenzará allí a traducir el Nuevo Testamento en alemán.

Entre Wartburg y Wittenberg (1521-24) escribirá:

Comentarios a Salmos (67-68; 36-37), contra la confesión privada.

Librito de oración: Sobre mandamientos, credo, Padre Nuestro e incluso Ave María.

Contra Latomus (teólogo de Lovaina). – Contra el ídolo de Halle (Alberto de Maguncia).

Sobre los votos monásticos (De votis monasticis M. Lutheri iudicium), dirigida a los monjes agustinos, no contra el voto en sí mismo pero si contra los perpetuos, contra los supuestamente inválidos, que eliminan la libertad (contra el celibato, signo que no buscaba la reforma de la vida religiosa).

Sobre la abrogación de la misa privada (De abroganda missa privata M. Lutheri sententia; vom Missbrauch der Messe), donde no ataca tanto la existencia como el carácter sacrificial de la misa.

Sobre el sacramento bajo las dos especies (Von beider Gestalt des Sakraments zu nehmen).

Comentario al Magnificat, escrito rebosante de claridad, calor y devoción marial.

Contra Henricum regem Angliae, quien había escrito la Defensa de los siete sacramentos, preparado en realidad por Tomás Moro.

– Opúsculos litúrgicos, para organizar los sacramentos: Taufbüchlein verdeutscht; formula missae et communionis pro ecclesia (1523); Vom Ordnung Gottesdienstes in Gemeinde (1523).

Sobre el comercio y la usura (1524).

Sermón sobre la enseñanza obligatoria de los niños.[20]

– En 1524, el célebre humanista Erasmo de Rotterdam, molesto por la negación explícita de la libertad humana por parte de Lutero en respuesta a la bula papal, escribió De libero arbitrio diatribe sive collatio, refutando con nivel el sistema luterano. Para un humanista convencido, negar la libertad humana consistía en una verdadera herejía. La respuesta de Lutero no se hizo esperar, y escribió De servo arbitrio en 1525,[21] la última de sus grandes obras, en la que no puede medirse con su contrincante. Sólo es capaz de intercalar argumentos con insultos a su interlocutor.

  1. Los grandes escritos de 1520

            Es el año de sus escritos más centrales y decisivos en los que sienta su doctrina.

A los príncipes cristianos de la nación alemana:[22] Escrito de gran virulencia en el que convoca a la nación alemana a la rebelión contra la autoridad del Papa. Pero se dirige a los príncipes. Para esta época, Lutero comprendía ya que la revolución no triunfaría si continuaba con un perfil sólo popular.

Además de proclamar el único sacerdocio universal de los fieles y negar toda autoridad a la jerarquía eclesiástica (estos serían sólo ‘ministros’, en cuanto delegados por los fieles), Lutero se lanza principalmente contra el papado utilizando la imagen de las murallas construidas. La tesis es: «Los “romanistas” – católicos – “se rodearon de tres murallas con las cuales se han defendido hasta ahora, de manera que nadie ha podido reformarlos, y con ello toda la cristiandad ha decaído terriblemente”».

La imagen de las murallas es muy efectiva y provocativa, porque invitan a asaltarlas. Estas murallas son:

La primera: Los papas “han establecido y proclamado que la autoridad secular no tenía ningún derecho sobre ellos, sino al contrario, que la autoridad espiritual es superior a la temporal”;

La segunda, el Papa se ha reservado “la interpretación de la Escritura”;

La tercera: “han inventado que nadie puede convocar a un concilio sino el Papa”;

Lutero reprocha a los papas de haber desempeñado este rol con plena conciencia de defender la libertad de la iglesia del poder temporal. Y concluye con las siguientes posiciones de principio: – En Roma está el anticristo;

– Roma es enemiga de Alemania;

– La clase dirigente alemana debe ser consciente de esta situación y tomar las medidas oportunas (la exhortación es a los príncipes).[23]

La cautividad babilónica de la iglesia (De captivitate Babylonica ecclesiae):[24] Comienza de este modo: «Comenzaré por negar la existencia de siete sacramentos, y, por el momento propondré sólo tres: el bautismo, la penitencia y el pan. Todos ellos se han reducido por obra y gracia de la curia romana a una mísera cautividad, y la iglesia ha sido totalmente despojada de su libertad. Aquilatando mis palabras al uso de la Escritura, en realidad tendría que decir que no admito más que un sacramento, y tres signos sacramentales».[25]

Afirma una triple cautividad respecto al sacramento de la Eucaristía:

– La primera, porque según Lutero, “la tiranía romana nos ha robado algo que afecta a la sustancia o integridad (del sacramento del pan)”. Esto lo dice por la comunión bajo una sola especie. Afirma que prohibir que se haga bajo las dos es una verdadera tiranía y que no debería ser privativo de los sacerdotes.

– La segunda cautividad la ve él en el hecho que la Iglesia afirma que “después de la consagración, subsisten sólo las especies del pan y del vino y no su substancia” (es decir, fue transformado en cuerpo y sangre de Cristo). Lutero afirma que subsisten el pan y el vino verdadero y no sólo sus especies, sin que el cuerpo y la sangre queden alterados (consustanciación). Acusa en concreto, a la que él llama “iglesia tomista” (y la considera sinónimo de “aristotélica”). Rechaza que se hable de especies y de accidentes. Acusa directamente a Tomás de Aquino de poseer una doctrina desprovista de la Escritura. Dirá más aún: “El pan es cuerpo de Cristo” (impanación).

– La tercera cautividad la llama él el más impío de los abusos: Considerar la misa como “buena obra” y como “sacrificio”: Por eso afirma que “es impío aplicar la misa por los pecados, por las satisfacciones, por los difuntos o por cualquier necesidad propia o ajena”.[26]

– Sobre el Bautismo, afirma que salva sólo en cuanto nos empuja a avivar y alentar actos de Fe.

– Sobre la Penitencia, afirma que las palabras de Mt 18,18 (“Lo que ataréis quedará atado…”) se aplican a todos los cristianos por igual.

La libertad del cristiano: Es quizás el escrito más desapasionado,[27] aunque muy explícito en cuanto a la doctrina luterana de la justificación. Algunos párrafos: «Los preceptos nos prescriben diversas obras buenas, pero no se siguen que se hayan cumplido (…) Enseñan mucho, muestran lo que debe hacerse, pero no confieren fortaleza para realizarlo. Su finalidad exclusiva es la de evidenciar al hombre su impotencia para el bien y forzarle a que aprenda a desconfiar de sí mismo» (n.8) (se vea la mentalidad propia del AT). «Lo que te resulta imposible a base de las obras y preceptos – tantos y tan inútiles – te será accesible con facilidad y en poco tiempo a base de fe» (n.9). «Ninguna buena obra se adhiere a la palabra de Dios como lo hace la Fe; ni puede encontrarse en el alma dominio que sólo enseñorea la palabra y la fe (…) Al cristiano le basta con la fe; no necesita obra alguna para ser justificado. Si no precisa de obras, está desligado de todos los preceptos y obras, y entonces es libre. Esta es la libertad cristiana, la fe sola. No quiere decir que fomentemos la haraganería o que se abra la puerta a las obras malas, sino que no son necesarias las buenas obras para conseguir la justificación y la salvación» (n.10).

Como vemos, el problema no lo tiene con las obras sino con el valor de justificación de las mismas, confundiendo claramente las obras de la Ley (AT) con las de la Fe (NT) y poseyendo un muy equivocado concepto de la libertad cristiana.[28]

«Justificación que no necesita el recurso de ley ni buenas obras de ninguna clase; estas lo único que harían sería perjudicar a quien pretendiese justificarse por ellas» (n.19) «En la medida que es libre, el cristiano no tiene necesidad de las obras; en cuanto siervo, está obligado a hacer todo lo posible (por eso el precepto). Aquí no cabe la ociosidad (…) Estas obras, sin embargo, no deben realizarse con la idea que gracias a ellas se va a justificar el hombre ante Dios; tal creencia no puede compadecerse con la fe, lo único que es justo a los ojos de Dios» (nn. 20-21).

  1. La crisis de 1524-25 y vida posterior

            Hasta dicho momento, Lutero había tratado aún de presentar su ‘reforma’ como un movimiento popular, aunque había tenido ya que dirigirse y volcarse hacia los príncipes territoriales para conseguir mayor eficacia en su propaganda. Con sus folletos y panfletos sueltos, sus palabras simples, la permanente difusión de grafiti anticatólicos y anti-romanos crudos y violentos, se abrió paso y llegó a todos los sectores de la población, incluyendo los más populares. Lo que sucederá es que en 1524-1525, los agricultores de muchas zonas de Alemania comenzarán a pelear contra príncipes y obispos, y contra los gobiernos municipales que se encontraban firmemente en las manos de la burguesía. Levantamientos habían tenido lugar ya antes, cuando el poder patronal (desde el 1400) se vio reforzado por la pérdida de los logros y conquistas de las instituciones medievales de los campesinos. Pueblos, monasterios, iglesias y castillos fueron saqueados y destruidos. Los agricultores de Suabia difunden la proclama de la revuelta: Los doce artículos de los campesinos.[29] Lutero fue convocado, e intervendrá con un opúsculo: Exhortación a la paz; acerca de los doce artículos de los campesinos de Suabia. Regaña a los patrones en nombre de Dios, pero también reprende a los campesinos, exhortándolos a comportarse como cristianos.

Su mediación fracasa y es entonces que «el pueblo irá adelante con sus exigencias evangélicas de libertad, igualdad y justicia: “El Papa de Wittenberg” (Lutero) no perdona la insubordinación en nombre de la reforma y escribe un texto de extraordinaria violencia: Contra las bandas ladronas y asesinas de los campesinos, en mayo de 1525».[30] En julio de ese año, las guerras habían terminado y los príncipes alemanes, bendecidos por Lutero, habían triunfado de la manera más atroz.[31] A partir de entonces, Lutero será el defensor más acérrimo de los príncipes electores que se convierten al protestantismo, y éstos, a su vez, lo van a defender del Emperador y del Papa.

(18) En 1524 deja la orden agustina. Comienza la convivencia con Catalina Bora al año siguiente y la “guerra de los campesinos”. En 1526 se celebra la dieta de Speyer, donde se decide que cada príncipe puede determinar la orientación religiosa de sus dominios. En 1530, durante la dieta de Augsburg, Melanchton presenta la “confesión de Augusta”, documento programático del movimiento protestante, compuesto por 21 artículos de Fe compuestos con ayuda de Lutero. (19) En 1534 se publica la primera biblia completa con la traducción de Lutero. En 1545 inicia el Concilio de Trento y al año siguiente muere Lutero a Eisleben.

Hubo muchas opiniones sobre la muerte de Lutero. Su sirviente personal, Ambrosio Kuntzell, según un relato publicado en Italia en el 1606, lo habría visto ahorcarse. El doctor De Coster, quien acudió prontamente, habría constatado que su boca se encontraba contorneada, que la parte derecha de su rostro se hallaba ennegrecida, y su cuello estaba rojo y deforme, como por estrangulamiento. Este testimonio fue publicado por Jacques Maritain en su obra Tres reformadores. El cuerpo de Lutero reposa en la Schlosskirche di Wittenberg.

  1. Doctrina de Lutero (20 21)

            Como añadido a todo lo ya expuesto, podemos resumir los siguientes puntos:

– (22) Corrupción esencial del hombre, a causa del pecado original. La inteligencia no puede conocer la verdad ni a Dios de modo racional. Ausencia total de metafísica.

– (23) ‘Sola fides’ y justificación: “Sólo la fe sin obra alguna hace piadoso y beato” (La libertad cristiana); rechaza la carta de Santiago (Sgo 2, 14-21), como una “carta de paja” (Prólogo a la edición del NT – 1546).[32] Por esa ‘fe’ (fiducia) Dios continúa a considerar el hombre justo, siendo aún pecador. (24)

– (25) Libre examen y ‘sola Scriptura’: «No puedo sufrir que se impongan límites o modos de interpretar las Escrituras porque la Palabra de Dios, que enseña la libertad, no puede ser cercenada» (carta a León X). “Están equivocados los que sólo a ti atribuyen el derecho de interpretar las Escrituras…”

– (26) Sacramentos: “Los sacramentos no son siete, sino para hablar con el lenguaje de las Escrituras…” (De captivitate babylonicae ecclesiae). Hemos ya desarrollado el tema.

(Desde 27 a 35)

  1. Balance y estimación de la figura de Lutero

            (36) «Los revolucionarios de todos los tiempos – escribe Pellicciari – tienen en común un lenguaje: un lenguaje sencillo, claro, popular, lapidario. Un lenguaje que corresponde a las necesidades de la propaganda, fácil de repetir, que se abre paso y se impone con la fuerza de las imágenes. Un lenguaje que apunta al corazón en lugar de la mente y a las entrañas en lugar del corazón. Un lenguaje que, apoyándose en la emoción, genera indignación, desprecio y desata el odio. Lutero, el gran revolucionario de los tiempos modernos, no es una excepción».[33]

No se trata de juzgar las intenciones de Lutero, ni tampoco su pasión o sentimiento religioso, el que indudablemente poseyó al menos durante mucho tiempo, así como su interés por la palabra de Dios y por la problemática de su alma.[34] Pero no basta con la subjetividad, ni con una intención inicial buena, para ser bueno y para obrar bien. Su ímpetu fogoso puede haberle llevado a denunciar abusos, y mientras se mantuviera en esa línea su rol podía haber sido el de un ‘reformador’ en el verdadero sentido de la palabra, o incluso un mártir de la verdad. Pero es indudable, analizando su vida, que su espíritu de rebeldía, centrado cada vez en sí mismo, lo llevó a despreciar la verdad, la autoridad papal por el sólo hecho de serla, y a no aceptar ningún tipo de corrección doctrinal. Esto lo condujo primero a la infidelidad, y luego a la ruina cada vez más pronunciada, incluso a nivel humano. (37)

Esto se puede ver claramente en alguna de sus Charlas de sobremesa o Tischreden. Es una colección de las conversaciones de Lutero en el ex convento de Wittenberg, transformado ahora en su casa familiar, con sus amigos, todos hombres maduros – a veces en presencia de Catalina o de sus hijos – que, prendidos de las palabras del maestro, celebraban sus chistes, sus sentencias, aceptaban sus dogmas y anatemas. Todo en un clima que, a tenor del vino y de la cerveza, ascendía a cumbres elevadas o se despeñaba por cimas de la más sonora de las groserías. Para algunos comentadores, era lo más parecido a un puesto de soldados de guardia.[35] Los argumentos son diversos: bromas, invectivas contra los personajes odiados, chistes gruesos, mujeres, el demonio y siempre el papado presente. Melanchton estuvo en desacuerdo con la publicación de muchos de los pasajes de dichas conversaciones.

(38) El célebre escritor inglés G.K. Chesterton afirma: «Cuando el Papa, por vez primera, tuvo noticia del progreso del protestantismo que había comenzado؛en Alemania, únicamente dijo, de un modo improvisado, que eso era «rencillas de monjes». Todos los papas estaban acostumbrados a las rencillas de las órdenes monásticas; pero se ha notado como una negligencia extraña y un poco curiosa, el que no hubiera alcanzado a ver más que esto en los comienzos del gran cisma de la edad moderna. Porque había un monje especial en aquel monasterio agustiniano en las selvas germanas, que puede decirse sólo tenía un talento especial para el énfasis, para el énfasis y para nada más que el énfasis, con la virtud de un terremoto. Era hijo de un pizarrero, un hombre con una voz gruesa y cierto volumen de personalidad, pensativo, sincero y decididamente mórbido, y su nombre era Martín Lutero.

Salió de nuevo de su morada en el día de la tormenta y de la ruina, gritando con voz potente y nueva por una religión elemental y emotiva y por la destrucción de todas las filosofías. Sentía una apatía y un horror especiales por las grandes filosofías griegas y por el escolasticismo fundado sobre ellas. Tenía una teoría, que era, de hecho, la destrucción de todas las teorías; tenía su propia teología, que era la muerte misma de la teología. El hombre no podía decir nada a Dios, nada de Dios, nada acerca de Dios, a no ser un grito inarticulado pidiendo misericordia y el auxilio sobrenatural de Jesucristo en un mundo donde todas las cosas naturales eran inútiles. La razón era inútil, la voluntad también. El hombre no podía moverse una pulgada más ni menos que una piedra. El hombre no podía dar crédito a lo que había en su cabeza ni más ni menos que a un nabo. Nada quedaba en la tierra o en el cielo, excepto el nombre de Jesucristo levantado en aquella solitaria imprecación, terrible como el grito de una bestia dolorida».

«A este gran pesimista agustiniano es debido el que se diga no sólo que triunfó sobre el Angel de las Escuelas, sino que hizo en un sentido muy moderno y real el mundo moderno. El destruyó la razón y substituyó la suges­tión. Aquel protestantismo era pesimismo, no era más que una mera insistencia sobre la inutilidad de toda virtud humana, como una tentativa para evitar el infierno. Aquel Luteranismo está ahora falto de realidad; otras fases modernas del luteranismo están aún más faltas de realidad; mas Lutero no fue imaginario. Fue uno de aquellos bárbaros a quienes es dado, en verdad, cambiar el mundo…»[36] 

R.P. Carlos D. Pereira, IVE

 

[1] https://www.welt.de/regionales/bayern/article135941046/Auch-Katholiken-koennen-von-Luther-lernen.html

[2] Originalmente se trató de una conferencia del card. Kasper en la universidad Humboldt de Berlín, por parte de la fundación Guardini, el 18/1/2017.

[3] Angela Pellicciari, Martin Lutero: il lato oscuro di un rivoluzionario; ed. Cantagalli, Siena 2016, 5-6; en español solo se dispone de la vieja versión original del 2012: La verdad sobre Lutero; ed. Voz de papel, Madrid 2016.

[4] Ed. Italiana: pp. 22-23; ed. Española: pp. 19-21.

[5] Ed. Italiana: cfr. pp. 29-30. Ed. española: 23-27.

[6] Ed. italiana y ed. Española: 31.

[7] Cfr. Ed. Italiana y ed. Española: 32-33.

[8] Cfr. Ed. Italiana: nota 36, ​​p.43.

[9] El CDC define la indulgencia como: “La remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones consigue por mediación de la Iglesia (papas y obispos), la cual como administradora de la redención, distribuye y aplica con autoridad el tesoro de las satisfacciones de Cristo y de los Santos” (c.992). “Todo fiel puede lucrar para sí mismo o aplicar por los difuntos, a manera de sufragio, las indulgencias tanto parciales como plenarias” (c. 994).

[10] Cfr. ed. española: pp. 36-37.

[11] Cfr. Edición Weimar o Weimar Ausgabe (WA), comenzada en 1889 y terminada en 2009, en 121 volúmenes. Dividida en varias secciones. Nuestras citas corresponden a WA W (Werke o “escritos”) 29, 50,18 la primera, y WA Tr (Tischreden o “charlas de sobremesa”) 1, 134,32 la segunda.

[12] En el prefacio de sus obras completas, compuesto un año antes de su muerte (1545) (Cfr. edición española, 42).

[13] Cfr. ed. Española, 42. Ed. Italiana: pp. 39-40.

[14] Lutero: Obras (edición preparada por Teófanes Egidio); ed. Sígueme, Salamanca 20165; 18.

[15] Cfr. L. Grane, Contra Gabrielem. Luthers Einandersetzung mit Gabriel Biel in der Disputatio contra scholasticam theologiam 1517, Kopenhagen 1962. El conocimiento de la escolástica de Lutero es vía Biel.

[16] Cfr. op. cit.¸ ed. Española, 43. Ed. Italiana: 41.

[17] Philippe Melanchthon (1497-1560), humanista, amigo y colaborador de Lutero, habla del episodio del clavado de las 95 tesis en el prefacio del segundo volumen de las obras de Lutero (1546), que apareció después de la muerte del reformador. Lutero, por su parte, afirma haber enviado las tesis a los obispos interesados y de haberlas hecho llegar más tarde a “personas doctas, dentro y fuera de Wittenberg”, con el fin de provocar un debate entre los estudiosos (cfr. ed. Española, nota 23. 147).

[18] Cfr. Lutero: Obras, 62.

[19] Cfr. Lutero: Obras, 63.69.

[20] Cfr. Lutero: Obras, 24-25.

[21] Cfr. WA 18, 600-787.

[22] En alemán. Su título original: A la nobleza cristiana de la nación alemana sobre la Reforma de los cristianos (agosto 1520): WA 6, 404-469.

[23] Cfr. ed. italiana, 63-64; edic. Española: 67-68.

[24] Nació como respuesta a los ataques de A. Alfeld, adversario teológico de la universidad rival de Leipzig. Era una provocación a los teólogos católicos, especialmente desde el Praeludium. Quizás la respuesta más conocida – aunque no la más consistente – fue la de Enrique VIII de Inglaterra: Assertio septem sacramentorum adversus Martinum Lutherum.

[25] Lutero: Obras, 88.

[26] Cfr. Lutero: Obras, 88- 101.

[27] Se debe al último esfuerzo de Karl von Militz, enviado pontificio, de lograr una reconciliación con Lutero. Este aceptó escribir una carta a León X, respetuosa de su persona pero no del papado y simultáneamente redactó este escrito donde toca el tema del mérito de las obras.

[28] Gal 2,16: Pero sabiendo que el hombre no se justifica por las obras de la ley, sino por la fe en Jesucristo, también nosotros hemos credo en Cristo Jesús, para ser justificados por la fe en Cristo y no por las obras de la ley, ya que por las obras de la ley nadie será justificado. Gal 2,4: (Hablando de los judaizantes) falsos hermanos que se habían introducido solapadamente para espiar nuestra libertad, la que tenemos en Cristo Jesús, y reducirnos a esclavitud. Gal 5,1: Cristo nos liberó para que vivamos en libertad. Manteneos, pues, firmes; y no os dejéis sujetar de nuevo al yugo de la esclavitud.

[29] El texto en el Apéndice I de ed. italiana, 157-158.

[30] Texto en el Apéndice I, 159-168.

[31] En una prédica de 1526, presentada por la autora en la nota 78 (ed. italiana, 104), incita Lutero a los príncipes para que ejerciten toda forma de violencia contra los campesinos. Ed. Española; nota 59, p. 152).

[32] Cfr. ed. Española; nota 41, p. 150.

[33] Cfr. Ed. Italiana, 41-42, ed. Española, 44.

[34] Por eso no es erróneo que se pueda alabar, en ciertas circunstancias, algunos aspectos de Lutero en relación a su “profunda religiosidad”, o arraigada ansia por el problema de la salvación eterna, como hizo Juan Pablo II (Carta cardenal Willebrands, 31/10/83: AAS 77, 1985, 716-717) (También en Discurso en encuentro con obispos de la Iglesia nacional danesa, Roskilde, 6/6/1989). Esto no quiere decir que haya canalizado bien dicha ansia. Otra cosa muy distinta es calificarlo de “padre de la Iglesia católica y luterana”, o títulos similares.

[35] Lutero: Obras, 425. La obra en distintas ediciones: Kröker, WA Tisch I-VI, y Weimar. Entre 1530 y 1539.

[36] G.K. Chesterton, Tomas de Aquino, Obras completas IV, ed. Plaza Janés, Barcelona 1952, 1062-65.

Para bajar el artículo en PDF, hacer click aquí.

Enlace para bookmark : Enlace permanente.

Deja un comentario