Interpretación del evangelio de San Juan 7, 1-55

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I. INTRODUCCION

Templo de Jerusalén para las fiestas de los judíos

            Los capítulos 7 y 8 del evangelio de San Juan señalan el surgimiento y el desarrollo de las discusiones más importantes que tuvo Jesús con las autoridades religiosas de Israel, antes de la Pasión. La ocasión es la fiesta de los Tabernáculos, una de las más importantes y significativas del calendario hebreo. El capítulo 7 introduce la fiesta y el ministerio de Jesús en ella, quien predicará aprovechando muchos de los elementos simbólicos y litúrgicos de aquella. El capítulo es también uno de los hitos fundamentales del evangelio joánico a la hora de analizar la relación del ministerio público de Jesús con las fiestas judías. El capítulo siguiente, en cambio, presentará las discusiones más agudas y profundas acerca de su identidad y misión, y cómo el mismo Jesús buscará revelarse.

El capítulo 7 introduce el ambiente de la fiesta de los Tabernáculos. Esta fiesta, conocida como Sukkôt (“tiendas”, “tabernáculos”) en la tradición hebrea, recibe ese nombre porque el pueblo la celebraba al aire libre acampando en las viñas, y las tiendas las construían con ramas de árboles. El libro del Deuteronomio menciona siete días de fiesta: Celebrarás la fiesta de las Tiendas durante siete días, una vez recogido el producto de tu era y de tu lagar (Dt 16,13), el Levítico en cambio, habla de un octavo día (lo que no era inusual para ciertas fiestas), en el cual debía observarse un reposo absoluto.[1] Esta referencia será de no poca importancia para comprender el contexto de los capítulos 7 y 8 del evangelio. El libro de los Reyes afirma que el templo de Salomón fue dedicado durante dicha fiesta, y por dicho motivo esta guardó, desde el inicio, una gran relación con el Templo (cfr. 1Re 8,2).[2]

Los profetas asociaran esta fiesta al triunfal “día del Señor”. En especial, los caps. 9 al 14 de Zacarías parecen aludir a la venida del Mesías, y a los tiempos mesiánicos, cuando “los sobrevivientes de las naciones que vinieron contra Jerusalén, subirán año por año, para adorar al Rey, Yahvé de los ejércitos, y celebrar la fiesta de los Tabernáculos” (Zac 14,16). El mismo capítulo menciona la fuente de “aguas vivas” que brotarán de Jerusalén en dirección de los dos mares (Mar Muerto y Mediterráneo), tanto en verano como en invierno (cfr. Zac 14,8). De modo que todo brinda un excelente contexto para la intervención de Jesús, que mencionará la “fuente de aguas vivas” en su discusión con los fariseos (cfr. Jn 7,38).

Cada una de las siete mañanas de la fiesta se realizaba una procesión hacia la fuente de Gihon (única fuente de agua de Jerusalén, en el borde sud oriental de la colina del Templo). Allí, un sacerdote llenaba de agua un recipiente de oro, dirigiéndose hacia el Templo por la “puerta de las aguas”. La multitud llevaba los símbolos de la fiesta, en la mano derecha el lulab – un atado de ramos de mirto y salce entrelazados con una palma (de los ramos usados para construir las tiendas) – y en la mano izquierda el ethrog, un limón o cedro como signo de la recolección. Todos cantaban los salmos del gran Hallel (113-118). Cuando llegaban al lugar del altar de los holocaustos, de frente al Templo, procedían alrededor del altar agitando los ramos y cantando. El sacerdote subía la rampa del altar para depositar el agua en un embudo de plata. El séptimo día se giraba en torno al altar siete veces.[3]

Mostramos un resumen del capitulo II (Estructura), pero sin los cuadros. Luego también el capítulo III y el capítulo IV en resumen. Para el artículo completo, ver arriba el link.

TEXTO

Después de esto, andaba Jesús por Galilea. No quería andar por Judea, porque los judíos trataban de matarlo.
2 Ya estaba próxima la fiesta de los judíos, la de las Tiendas.
3 Dijéronle sus hermanos: “Márchate de aquí y vete a Judea, para que también tus discípulos vean las obras que tú haces;
4 porque nadie hace las cosas en secreto cuando pretende darse a conocer públicamente. Puesto que realizas esas cosas, manifiéstate al mundo”.
5 En realidad, ni siquiera sus hermanos creían en él.
6 Díceles Jesús: “Mi tiempo no ha llegado todavía, mientras que vuestro tiempo siempre está a punto.
7 A vosotros no os puede odiar el mundo; pero a mí me odia, porque el testimonio que doy contra él es de que sus obras son malas.
8 Subid vosotros a la fiesta; yo no subo a esta fiesta, porque mi tiempo no se ha cumplido todavía”.
9 Y tras decirles esto, se quedó en Galilea.
10 Pero una vez que sus hermanos subieron a la fiesta, subió también él, aunque no públicamente, sino como de incógnito.
11 Los judíos, entre tanto, andaban buscándolo durante la fiesta y preguntaban: “¿Dónde está ése?”.
12 Había entre la gente muchos comentarios acerca de él. Unos decían: “Pues es un hombre de bien”. Pero otros replicaban: “No; sino que está engañando al pueblo”.
13 Sin embargo, nadie hablaba de él abiertamente, por miedo a los judíos.
14 Mediada ya la fiesta, Jesús subió al templo y se puso a enseñar.
15 Los judíos se quedaban admirados y decían: “¿Cómo éste sabe de letras, sin haber estudiado?”.
16 Jesús les contestó: “Mi doctrina no es mía, sino del que me ha enviado.
17 El que quiera cumplir la voluntad de él conocerá si mi doctrina es de Dios o si yo hablo por mi cuenta.
18 El que habla por su cuenta busca su propia gloria; pero el que busca la gloria del que lo ha enviado, ése es sincero y no hay en él falsía alguna.
19 ¿No os dio Moisés la ley? Sin embargo, ninguno de vosotros cumple la ley. ¿Por qué pretendéis matarme?”.
20 Respondió la multitud: “¡Te has vuelto loco! ¿Quién pretende matarte?”.
21 Jesús les replicó: “Una sola obra he realizado y todos estáis maravillados.
22 Pues bien: Moisés os ha dado la circuncisión -aunque no proviene de Moisés, sino de los patriarcas- y vosotros la practicáis también en sábado.
23 Pues si uno recibe la circuncisión en sábado para que no se quebrante la ley de Moisés, ¿os irritáis contra mí, porque he curado en sábado el cuerpo entero de un hombre?
24 ¡No juzguéis por las apariencias, sino juzgad con criterio recto!”.
25 Decían algunos de Jerusalén: “¿Pero no es a éste al que buscan para matarlo?
26 Pues ahí está hablando con toda libertad, y nadie le dice nada. ¿Habrán reconocido realmente las autoridades que éste es el Cristo?
27 Sin embargo, éste, sabemos de dónde es; en cambio, cuando llegue el Cristo, nadie sabrá de dónde es”.
28 Entonces Jesús, que estaba enseñando en el templo, exclamó con voz fuerte: “¡Sí, vosotros me conocéis y sabéis de dónde soy! Sin embargo, no he venido por mi cuenta, pero es veraz el que me ha enviado, a quien vosotros no conocéis.
29 Yo sí lo conozco, porque de él procedo y él es quien me ha enviado”.
30 Querían, pues, prenderlo; pero nadie le echó mano, porque todavía no había llegado su hora.
31 Entre el pueblo, hubo muchos que creyeron en él y que decían: “Cuando llegue el Cristo, ¿acaso hará más señales de las que ha hecho éste?”.
32 Al enterarse los fariseos de que el pueblo rumoreaba esto acerca de él, los pontífices y los fariseos enviaron guardias para prenderlo.
33 Jesús dijo: “Todavía estoy un poco de tiempo con vosotros, pero luego me voy junto a aquel que me ha enviado.
34 Me buscaréis, pero no me encontraréis; y a donde yo voy a estar, no podéis venir vosotros”.
35 Dijéronse entonces los judíos entre sí: “¿Adónde pensará irse éste, que no lo podamos encontrar nosotros? ¿Pensará, acaso, irse a la diáspora entre los griegos y enseñar también a los griegos?
36 ¿Qué significan esas palabras que ha dicho: “Me buscaréis, pero no me encontraréis; y a donde yo voy a estar, no podéis venir vosotros”?”.
37 El último día de la fiesta, que era el más solemne, Jesús, puesto de pie, exclamó con voz fuerte: “Quien tenga sed venga a mí y beba.
38 De quien cree en mí, como ha dicho la Escritura, ríos de agua viva correrán de su seno”.
39 Esto lo dijo refiriéndose al Espíritu que habían de recibir los que creyeran en él; aún no había Espíritu, porque Jesús no había sido glorificado todavía.
40 Entre el pueblo, algunos que habían oído estas palabras decían: “Éste es realmente el profeta”.
41 Otros decían: “Éste es el Cristo”. Pero otros replicaban: “¿Acaso el Cristo va a proceder de Galilea?
42 ¿No dice la Escritura que el Cristo procederá del linaje de David, y de Belén, la aldea de David?”.
43 Había, pues, diversos bandos en el pueblo por causa de él.
44 Algunos querían prenderlo; pero nadie le echó mano.
45 Volvieron, pues, los guardias ante los pontífices y los fariseos, y éstos les preguntaron: “Pero ¿por qué no lo habéis traído?”.
46 Los guardias respondieron: “Jamás hombre alguno habló como habla éste”.
47 Los fariseos les replicaron: “¿Es que también vosotros os habéis dejado engañar?
48 ¿Acaso alguien entre los jefes o entre los fariseos ha creído en él?
49 Pero esa plebe, que no conoce la ley, son unos malditos”.
50 Uno de los jefes, Nicodemo, el que anteriormente había ido a ver a Jesús, les dice:
51 “¿Acaso nuestra ley condena a nadie sin haberlo escuchado antes y sin averiguar sus hechos?”.
52 Entonces ellos le respondieron: “Pero ¿tú también eres de Galilea? ¡Estúdialo bien, y verás que de Galilea no sale ningún profeta!”.
53 Y cada uno se marchó a su casa.

  II. ESTRUCTURA

La estructura en tres grandes secciones es considerada casi obligada para este capítulo y es señalada por importantes autores.[4] En efecto, salta casi a la vista observando el texto. En primer lugar, notemos como las secciones parecen estructurarse según los distintos momentos de la fiesta en cuestión.

1°) 7, 1-13: Comienza afirmando que “estaba próxima la fiesta (de los Tabernáculos)” [ἐγγὺς ἑορτὴ], y se destaca por el uso de la expresión Ἦν δὲ (“Estaba ya”; v.2).

2°) 7, 14-36: Se vuelve a hacer referencia al tema, esta vez con la expresión “mediada la fiesta” [τῆς ἑορτῆς μεσούσης] acompañada de una expresión similar: Ἤδη δὲ (v.14: “Hacia ya”; o: “ya alrededor”).

3°) 7, 37-53: Se sitúa ahora “en el último día de la fiesta” [Ἐν δὲ τῇ ἐσχάτῃ ἡμέρᾳ] y la expresión inicial es: Ἐν δὲ (v.37: “En el”).

Las expresiones iniciales no son exactamente una repetición, pero se asemejan notablemente. Acompañadas de los otros indicios temporales (en relación a la fiesta), de lugar y de circunstancias, permiten colegir que marcan adecuadamente del inicio de cada una de las secciones.

III. INTERPRETACION EXEGETICA

A) Sección 7, 1-13: Hemos afirmado que la sección está marcada por la indicación temporal de la vecindad de la fiesta (de los Tabernáculos) y por la expresión Ἦν δὲ. Que la sección parece tener dos partes es también algo que aparece como casi evidente: La primera está dominada por la que hemos llamado gran inclusión,[5] ya que tanto al principio (v.1) como al final (v.9) se repite la expresión: en Galilea [ἐν τῇ Γαλιλαίᾳ]. La segunda parte presenta una circunstancia significativa: “Jesús sube a la fiesta” (v.10), cosa que no había hecho hasta ese momento [καὶ αὐτὸς ἀνέβηεἰς τὴν ἑορτήν], aunque “a escondidas” [ἐν κρυπτῷ]. En el v.13, una expresión al menos similar hace referencia al pueblo: “Nadie hablaba en público (lit: “con confianza” [παρρησίᾳ ἐλάλει]), por temor a los judíos”. La actitud del pueblo representa también una forma de permanecer escondido. Hasta ese momento, la presencia de Jesús pasaba casi desapercibida.

La primera parte brinda también algunas circunstancias indicativas: Jesús andaba (verbo peripatein [περιπατεῖν]) por Galilea (v.1a), pero no lo hacía por Judea (v.1b), y la razón – que introduce un argumento temático permanente en las tres secciones respecto a Jesús – era “porque los judíos trataban de matarlo” [ἐζήτουν αὐτὸν οἱ Ἰουδαῖοι ἀποκτεῖναι] (v.1c). Esto queda bien subrayado por el paralelismo antitético (o antítesis) entre 1a y 1b. A partir del v.3, y siempre dentro de la primera parte de la sección, observamos dos inclusiones bastante elocuentes:

Sus hermanos [οἱ ἀδελφοὶ αὐτοῦ], determina una inclusión entre el v.3 y el v.5. En realidad, el tema central es “el hacer las obras” [τὰ ἔργα ποιεῖς] de Jesús. Los hermanos (parientes, discípulos) le dicen que muestre esas obras al mundo, para ser conocido. Pero la inclusión cierra con una sentencia absoluta, y verdadera, si bien poco optimista: “ni sus hermanos creían en él” [οἱ ἀδελφοὶ αὐτοῦ ἐπίστευον εἰς αὐτόν].

– La segunda inclusión está determinada por el llamado “mi tiempo” (tiempo de Jesús) [ ἐμὸς καιρὸς]. El término kairós designa el tiempo como “tiempo oportuno y preciso” (oportunidad, circunstancia especial) y no tanto el correr del tiempo cronológico. La inclusión se da entre el v.6 y el v.8, pero está determinada por algunas antítesis: Una entre mi tiempo (de Jesús; 6b), y el vuestro (el de los fariseos; 6c), la segunda entre “el odio del mundo” hacia Jesús (7b), que no es hacia los discípulos (7a), y entre “el subir a la fiesta” de parte de los discípulos (8a) y la negativa de Jesús de subir (8b).

La segunda parte de la sección muestra también una inclusión, señalada doblemente: “Jesús sube también él (a la fiesta)” [καi αὐτoς ἀνέβη], pero “a escondidas” [ἐν κρυπτῷ] (v.10), en comparación con el hecho que “nadie hablaba en público de él” [ὐδεὶς μέντοι παρρησίᾳ ἐλάλει] (v.13), y todo eso a causa de “los judíos”, quienes lo buscaban (v.11) [οἱ Ἰουδαῖοι ἐζήτουν], si bien la gente los temía (v.13) [τoν φόβον τῶν Ἰουδαίων].

B) Sección 7, 14-36: Encontramos aquí una expresión similar a la primera, que introduce la sección: Ἤδη δὲ (en este caso, un adverbio acompañado de preposición: “ya entonces”), otra indicación temporal: τῆς ἑορτῆς μεσούσης (“a la mitad de la fiesta”), y una clara acción de Jesús que indica un cambio de circunstancias: “subió a la fiesta y enseñaba” (ἐδίδασκεν). Todos elementos que permiten sugerir un bastante evidente cambio de sección.

La “enseñanza” de Jesús (didaché: διδαχὴ) es el elemento nuevo y clave de esta sección, al menos en sus comienzos. Jesús antes sólo se “paseaba” (peripatein) por el templo y con ocasión de ello, daba alguna lección; ahora directamente enseña. Los judíos se sorprenden y ya empiezan a cuestionar (v.15). La respuesta de Jesús se da en forma de inclusión (διδαχὴ se repite en los vv. 16-17), o quizás en forma de cruz o quiasmo, del siguiente modo:

  1. 16: Mi enseñanza no es mía [a] sino de quien me ha enviado (el Padre) [b].

v.17: Quien quiera hacer su voluntad (del Padre) [b’], sabrá si la enseñanza es de Dios [a’].

Los elementos [a] y [a’] (la enseñanza) se dan en los extremos, mientras que los [b] y [b’] más hacia el centro (el Padre, aun cuando entendido implícitamente). La estructura parece repetirse en el versículo siguiente:

v.18: El que habla por sí mismo [a], busca su propia gloria [b].

El que busca la gloria del que lo ha enviado [b’], este es veraz [a’].

El esquema se completa con un paralelismo sinonímico entre los vv. 19-20, con una inclusión entre los vv. 21-23 marcada por el “hacer” (ἐποίησα) de Cristo, y varios paralelismos antitéticos entre los vv. 24-27. Todo esto completa la primera parte de esta segunda sección, que finaliza con el “no saber de dónde Cristo viene” (v.27), mientras que Él ha afirmado que sí lo sabe (el καὶ ἴδε de v.26 supone también una suerte de repetición y contraste con la fórmula de introducción Ἤδη δὲ).

La segunda parte de la sección se inaugura con la enseñanza de Jesús en el templo, de modo mucho más formal (v. 28). Jesús inicia advirtiendo a los judíos, que si bien estos creían conocerlo, El “no procedía de sí mismo”. Por medio de una estructura en quiasmo, afirmará que “es veraz el que lo ha enviado”, y ellos – los judíos – no lo conocen (v.28), mientras que Jesús sí lo conoce (v.29), y la razón es porque “estoy junto a Él” (proposición griega pará + genitivo). A partir del v.30 esta segunda parte parece estar marcada por dos inclusiones muy significativas, ya que ambas se encuentran señaladas, la primera por el hecho de la ‘hora’ de Jesús, sobre la cual dice que “aún no ha llegado” (οὔπω ἐληλύθει ὥρα αὐτοῦ; v.30), y la segunda por el “tiempo en que aún Jesús permanecerá con vosotros” (con los Apóstoles; v.33: ἔτι χρόνον μικρoν μεθ᾽ ὑμῶν).

La inclusión entre los vv. 30-32 se halla enmarcada por el “capturar a Jesús” (αὐτὸν πιάσαι), destacándose, al centro, el hecho que “muchos creían en El” (v.31, donde también se nombra explícitamente “el Cristo”). La segunda inclusión, entre los vv. 34-36, se encuentra señalada por una frase que se repite con exactitud en ambos extremos: “Me buscaréis, pero no me encontraréis; y a donde yo estaré, no podéis venir vosotros”, marcando aun la lejanía de los oyentes con Jesús.

En el v.34, la expresión literal lee: “Donde yo soy/estoy (estaré) no podéis venir vosotros”, ya que el verbo usado es εἰμὶ (primera persona de einai: estar o ser) y no es el “partir” (ὑπάγω) o “venir” (ἐλθεῖν), que uno podría esperar, como se lee en v.33. Brown piensa que esto sea probablemente un reflejo del uso divino del egō eimi.[6] No es descabellado en absoluto sostenerlo, con la salvedad de que esto se conjuga perfectamente bien con el arameo o con el uso semítico, donde muchas veces “ser” o “estar” puede asumir el rol de “ir” o “dirigirse a”. Puede tratarse también de un semitismo, los cuales no son infrecuentes en el vocabulario joánico. La expresión parece repetirse en v.36.

C) Sección 7, 37-53: La tercera sección se introduce con un cambio de circunstancias y una indicación temporal de gran relieve: “En el último día de la fiesta”, del cual también se dice que era llamado “el día grande” (τῇ μεγάλῃ).[7] La construcción ν δὲ, que indica la sección, guarda una cierta similitud con las que hemos visto en las secciones anteriores, aunque no coincida totalmente. Como una circunstancia nueva, se dice que Jesús, puesto en pie, gritó fuertemente. Es bastante evidente el intento de Jesús por comunicar una nueva revelación. Esto se pone particularmente de manifiesto con la primera inclusión, de tipo concéntrico, que marca estos primeros versículos. Encontramos en los extremos (vv. 37 y 39) la mención del nombre de Jesús (Ἰησοῦς), y en los vv. 38-39 la mención de “los que creían en él” ( πιστεύων εἰς ἐμέ en v.38 y οἱ πιστεύσαντες εἰς αὐτόν en v.39), elementos ambos que definen la inclusión.

– vv. 37-38: “¡Quien tenga sed venga a mí y beba! El que crea en mí, como está escrito, ríos de agua viva fluirán de su seno”: Esta sentencia han dado ocasión a una larga discusión y a una inmensa literatura. Existen algunos problemas de interpretación que deben ser examinados. Los autores hacen hincapié en uno en particular.

Se trata de saber quién es la fuente de los ríos de agua viva, si Jesús o el creyente:

a) La interpretación más directa es la que sostiene que la fuente sea Jesús. En este caso, la puntuación de la frase es la siguiente: “¡Quien tenga sed venga a mí y beba el que crea en mí!

Autores como Brown, Dodd, Jeremías, Boismard y Hugo Rahner (estos últimos citados por el primero) sostienen que esta interpretación proviene del siglo II, en particular de San Justino. También encuentra respaldo en la llamada tradición occidental, respaldada por Hipólito, Tertuliano, Cipriano, Ireneo, Afrate, Efrén. Pueden presentarse varios argumentos a favor:

1 – Ofrece un excelente paralelismo poético en las primeras dos líneas: “El que tiene sed” viene a Jesús, por un lado, y por otro, “el que cree” es el que bebe (de Jesús). Un paralelismo en forma de quiasmo que entra plenamente en el estilo joánico, como hemos visto.

2 – Parece coincidir con lo narrado por el evangelio en 19,34, cuando el agua fluye del costado abierto de Jesús; también con Ap 22,1, otra obra joánica, que muestra el agua que fluye del trono de Dios y del Cordero (Cristo); con 7,39, donde el agua es el “Espíritu”, y es Jesús quien lo da, según el evangelio (cfr. 19,30; 20,22).

b) El griego admite la traducción que hemos presentado al principio, donde la surgente de agua parece ser el creyente en Jesús: Sostenida por Orígenes, esta puntuación se encuentra en la mayor parte de los padres Orientales. Varios comentadores modernos la siguen y es la lectura que presenta la RSV (Revised Standard version), en el campo protestante, y varias versiones católicas, incluida la de Jerusalén. Los argumentos a favor:

1 – El más fuerte, del punto de vista textual, es que dicha puntuación la encontramos en el P66, manuscrito fragmentario del siglo II, que se considera de los testimonios más antiguos, si no el más antiguo, del texto joánico.

2 – Gramaticalmente, un buen argumento a favor es que se utiliza el participio «ὁ πιστεύων» (“el que cree”) como inicio de una nueva frase – un modelo que se encuentra 41 veces en Juan – en lugar de anexarlo a la frase precedente, que es condicional (este último modelo no se encuentra en Juan).[8]

3 – Se ha también argüido a favor de esta interpretación la semejanza con la sentencia de 4,14 y alguna otra del evangelio joánico,[9] y la tradición rabínica (Rabbí Aquiba). Ciertamente que el mejor argumento a favor de esta lectura es el fuerte respaldo patrístico que esta ha tenido, por lo que la hemos adoptado.

c) Habría un tercer modo de traducir la frase: “¡Quien tenga sed venga a mí y beba (el que crea en mí)! Como está escrito, ríos de agua viva fluirán de su seno”: En este caso, el participio «ὁ πιστεύων» ya no es más el sujeto anticipado de la frase siguiente – argumento que algunos presentaban como antijoánico – sino una mera aclaración entre paréntesis de los verbos anteriores: “venir” y “beber”.[10] Esta traducción del griego hace que se pierda el paralelismo que habíamos notado, que es un elemento semítico bastante común y nada despreciable. Por otra parte, considerar el participio pisteúon como un paréntesis no agrega nada a la hora de dilucidar cuál sea “la fuente de los ríos de agua viva”, si Jesús o el creyente. Haría también que carezca de sentido el esquema concéntrico de los vv. 37-39. Habiendo más de un elemento sintáctico que queda trunco y no agregando nada al sentido del texto, no se ve que esta lectura que deba preferirse.

– vv. 40-43: Entre dichos versículos es posible definir una pequeña inclusión, enmarcada por la mención de “la multitud”: De la multitud (Ἐκ τοῦ ὄχλου) en v.40 y en la multitud (ἐν τῷ ὄχλῳ) en v.43. A su vez, existen indicios ciertos de una inclusión más grande, señalada por los términos προφήτης (“el profeta”; v.40) y ἐκ τῆς Γαλιλαίας (“de la Galilea”; v.41), términos que se repetirán en el v.52. Toda la gran parte de la sección girará entonces en torno a Jesús, si es profeta o no y si se acepta o no su mesianismo, o sea, si se cree en El o no.

Volviendo a los versículos mencionados anteriormente, el encontrarnos en su interior con una clara estructura de quiasmo entre v.41b y v.42 nos permite confirmar la inclusión entre los vv. 40-43 y la estructura concéntrica de dichos versículos, en los cuales el tema es “la multitud” y la opinión de esta sobre Jesús:

41b: ¿De la Galilea vendrá el Cristo? [a] (42a) ¿No dice la Escritura que del linaje de David [b]

v.42b: y de Belén, la aldea de donde era David [b’], ha de venir el Cristo? [a’].

La estructura deja en claro que la propuesta de Jesús de creer en El suscitaba divisiones entre la multitud, acerca de su mesianismo y sobre su misma personalidad. En un paréntesis antes de la inclusión que seguirá, se afirma que “buscaban tomar prisionero a Jesús”, pero “nadie extendió su mano sobre El” (v.44), ni siquiera recurriendo a los guardias enviados por los sacerdotes y fariseos (cfr. v.45).

– vv. 46b-51: Esta tercera parte de la sección parece enmarcada por una nueva inclusión, también de modo concéntrico. Los guardias hablan de “este hombre” (οὕτως ἄνθρωπος) en 46b, y los fariseos los recriminan en el v.47, con evidente desprecio por la figura de Jesús. En cambio, “uno de ellos” (de los fariseos), Nicodemo, expresará un parecer diverso en v.50, refiriéndose también a “un hombre” (τὸν ἄνθρωπον) en el v.51.

– 46b: Este hombre (A) 

– 47: Los fariseos (B)

            – 50: Uno de ellos (de los fariseos) (B’)

– 51: A un hombre (A’).           

El v.52 marca el fin de esta parte, con el cierre de la inclusión iniciada en vv.40-41 y a la cual ya hemos aludido (profeta – de la Galilea), y el v.53 marcará el fin general de toda la sección, aclarándose que “cada cual se marchó a su casa”. De modo que el propósito de esta última parte parece quedar en evidencia de este modo:

– Jesús pide creer en El (vv. 37-39).

– Discusiones sobre el mesianismo de Jesús, en la multitud (vv. 40-43).

– Buscan capturarlo, pero nadie lo hace (vv. 44-46a).

– Los fariseos no creen en El, despreciando a los demás (vv. 46b-51)

– Dejan en claro que, según ellos, Jesús no puede ser profeta ni menos aún el Cristo (v.52).

IV. RESUMEN e INTERPRETACION TEOLOGICA

A la luz de todo lo que hemos visto, la estructura de este capítulo parece salir claramente a la luz con un hilo conductor que no resulta difícil de seguir:

1°) 7, 1-13: Tiene dos partes, como las otras secciones. Se introduce la sección afirmando que la fiesta se encontraba próxima:

1 – En un primer momento Jesús no sube a la fiesta, aunque sus hermanos le insisten en subir a Jerusalén para mostrarse. Se deja en claro que sus hermanos “no creían en El” (v.5). Jesús responderá que no sube porque “su tiempo no ha llegado aún” (v.6).

2 – En un segundo momento, subirá a la fiesta (v.10), pero lo hará a escondidas, y los judíos “lo buscaban” (v.11). Todo esto transcurre prácticamente sin que Jesús pronuncie palabra.

2°) 7, 14-36: La segunda sección se introduce con la expresión “mediada la fiesta” o “en la mitad de la fiesta”. Está toda ella marcada por la enseñanza de Jesús (“Jesús enseñaba”). Se distinguen también dos partes, la primera señalada por una enseñanza común de Jesús, mientras que en la segunda Jesús habla con muy fuerte voz enfatizando sus palabras con sentencias clave.

1 – Todas las pequeñas inclusiones y estructuras en quiasmo de esta primera parte se concentran sobre las siguientes acciones del maestro: Su “enseñanza” (vv. 16-17); el “hablar” de Jesús (v.18); el “obrar” de Jesús (“he hecho”; vv. 21-23). En las dos primeras la multitud queda perpleja pero se vislumbra un cierto rechazo de Jesús (este afirma que querían matarlo; vv. 19-20); en la segunda responden con otra perplejidad, esta vez respecto a la incertidumbre sobre su identidad como Cristo (vv. 24-27).

2 – En la segunda parte, Jesús, gritando (como hemos anticipado), afirma que no se conoce su verdadera identidad y orígenes divinos (“no se Lo conoce”), mientras que El sí conoce “a quien lo ha enviado” (vv. 28-29). Sobre el final, Jesús dirá que por esto mismo, “lo buscarán y no lo encontrarán, ni podrán ir donde El estará” (vv. 33-36). En el centro (vv. 30-32), se muestra en esta oportunidad la división entre los oyentes. Algunos creían en El, pero los fariseos buscaban decididamente de capturarlo.

3°) 7, 37-53: La tercera sección se halla claramente señalada por la expresión temporal “en el último día de la fiesta”, que es también llamado “día grande”. Si bien aparece como fraccionada en pequeñas unidades aparentemente diversas, es posible también distinguir dos grandes partes:

1 – Una primera (vv. 37-39) donde Jesús interviene de modo categórico (“grita”) y propone la Fe en El. Se notará la diferencia entre los que creerán y los que no creerán en Jesús.

2 – La segunda, definida por la gran inclusión (vv. 40-52), se encuentra enmarcada por la discusión sobre Cristo, en primer lugar entre la multitud (vv. 40-43), el intento de los guardias por capturarlo, quedando perplejos (vv. 44-46), el rechazo de los fariseos, quienes se niegan incluso a considerar a Jesús como un “hombre” justo, acreditado por sus palabras, rechazando la opinión de Nicodemo (vv. 46b-51), lo que llevará a aquellos al rechazo total y frontal de Jesús (v.52).

De modo que se pasa de una renuencia a subir a la fiesta, y del silencio casi total de Jesús, a una activa predicación, como en un ‘in crescendo’. En primer lugar, con el “hablar, enseñar y hacer” de Jesús, para en segundo lugar enumerar los beneficios de los que creen en El. La segunda y la tercera sección parecen diferenciarse en ello, en efecto; una actitud más general que propone creer en El, seguida por una promesa más particular para los que ya creen. En ambas se dice que la multitud se encontraba dividida respecto a su aceptación, pero en la tercera se muestra mucho más claro el rechazo de los fariseos, que llega a ser total, y los esfuerzos por capturarlo, por ahora inútiles. Todo esto prepara sin duda el debate teológico que tendrá lugar en el capítulo 8 acerca de la identidad de Jesús, que marcará prácticamente el clímax o punto más alto de dicha discusión en el evangelio joánico.

 

 

[1] El día quince del mes séptimo, una vez recogidos los frutos de la tierra, celebraréis durante siete días la fiesta de Yahveh. En el primer y en el octavo día guardaréis reposo completo (Lev 23,39). Esto coloca el inicio de la fiesta el 15 del mes de Tishrí (septiembre – octubre), tal como se la celebra hoy.

[2] Se congregaron, pues, en torno al rey Salomón todos los israelitas en el mes de etanim, que es el mes séptimo, para la festividad. Se confirma la fecha de la citación anterior.

[3] Cfr. R.E. Brown, Giovanni: Commento al vangelo spirituale, Citadella, Assisi 19913, 423-4.

[4] Cfr. R.E. Brown, Giovanni, 263.

[5] Una inclusión es un tipo de estructura enmarcada al inicio y al final por la repetición de términos iguales o similares, como un modo de dar énfasis al texto entre ellas enmarcado o señalado.

[6] Cfr. R.E. Brown, Giovanni, 406 y apéndice IV, 1482ss.

[7] Brown trae a colación la pregunta si se trata del séptimo día de la fiesta (según Dt 16,13, que menciona siete días de duración de la fiesta) o de un octavo día según parece sugerir Lv 23,39. Este octavo día era de reposo, razón por la cual la intervención de Jesús, ante tanta gente, parece corresponder más bien al día séptimo (cfr. Brown, Giovanni, 395.413).

[8] Es el parecer de Brown, Giovanni, 414.

[9] Jn 4,14: El agua que yo le daré se convertirá, dentro de él, en manantial de agua que brote para vida eterna.

[10] Es la tesis de Kilpatrick G.D., The Punctuation of John VII, 37-38; JTS 11 (1960), 340-42.

 

 

 

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